Cuatro años después

Cuatro años después del accidente que nos heló la sangre y proyectó una sombra oscura sobre las garantías con que se construía la alta velocidad española, siguen sonando con fuerza las voces que exigen llegar al fondo de las causas del descarrilamiento del tren en la curva de Angrois.

 Tantas vidas perdidas o truncadas reclaman una investigación que aclare hasta donde sea posible la cadena de errores que desembocaron en el descarrilamiento. Para no añadir al dolor de víctimas y familiares el de la desconfianza o el de sentirse injustamente tratados y para evitar que algo similar pueda volver a ocurrir en un proyecto llamado a revolucionar nuestra anquilosada red ferroviaria.

Que haya tenido que ser la Agencia Ferroviaria Europea la que determinase que la investigación del accidente que causó 80 muertos y 144 heridos no había sido independiente y había obviado elementos clave supuso un severo correctivo a las actuaciones realizadas hasta entonces, dio alas a quienes veían un ánimo de tapar todo lo posible lo ocurrido y aportan argumentos a favor de abrir vías de investigación complementaria para determinar si se cumplieron todos los requisitos de una línea de alta velocidad desde el punto de vista técnico. Y si desde el ámbito político pudo haber actuaciones incorrectas que influyeran en su puesta en servicio sin las condiciones necesarias.

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