Traigo pucheros

No se trata de la conjura de los necios, sino de una salida honorable para la deriva a que los centralistas han empujado al loco Gobierno catalán y a su propósito independentista.
A los conjurados todo se les complicó cuando las empresas proveedoras se negaron a participar en la fabricación y venta de urnas de cartón a la Generalitat, necesarias para el oportuno referéndum del 1-O. Tanto el presidente, Carles Puigdemont, como el vicepresidente, Oriol Junqueras, se encontraron ante una situación inesperada. Estaban seguros de disponer de votantes pero, ¡oh maldición centralista!, sin urnas –ese instrumento simbólico de miserable cartón– la democracia no es posible. ¿Cómo no se les había ocurrido antes pedir la transferencia de las urnas? En las filas más radicales cundió el pánico.

–Tranquilo, Oriol, tranquilo –le dijo Carles a su socio–. Si no tenemos urnas tendremos valor e imaginación.

Pero, al salir del despacho de la conjura, los intereses –monetarios– les salieron al paso y un abanico de dimisiones y ceses se fueron sumando a la ausencia de urnas. La empresa se torcía hasta el extremo de que Bartomeu, presidente del Barça C.F., llamó a su homólogo de la plaza de san Jaume, confuso por cómo debería, después del 1-O, enfrentar la competición dentro o fuera del Estado español. Sus dudas eran: ¿Podremos seguir manteniendo la rivalidad con el Real Madrid? ¿Deberemos circunscribirnos a una liga catalana? ¿Tendremos cabida en la FIFA? ¿Nos exiliaremos a Logroño?
–Tranquilo, Josep María, tranquilo –le contestó el honorable–. Se pondrán los medios. El fútbol es el fútbol.

Enseguida, superadas las deserciones del Ejecutivo, los nuevos consejeros, Turull y Forn, acudieron a presidencia algo desencajados. Tampoco disponían de papeletas, ni de papel para imprimirlas, ni de presupuesto para comprarlo. Sin la voz del voto el pueblo no podría decidir.
–Tranquilo Jordi, tranquilo Joaquim, tranquilos. Imaginación. Que cada votante traiga su propio folio de casa con un SÍ o un NO. Serán tan válidos como el mismo referéndum.

A los dos consejeros la solución les pareció genial y económica. Sin embargo Junqueras andaba trasteando, sumando consultas y recogiendo miedos por todos los despachos oficiales, mirando de reojo a los mossos de escuadra, a los tribunales de justicia y a los diarios internacionales. Además, le preocupaban los inmigrantes con derecho a voto, venidos de otras partes de España. Pidió cifras pero “protección de datos” se los negó. Otra transferencia pendiente, pensó. Lo sacó de sus cavilaciones la llamada de Carles.

–Solucionada la cuestión de las urnas –le dijo–. He dado orden de que traigan pucheros. Sí, pucheros de los vecinos, como en los albores de la democracia. Es el precedente histórico de las urnas.
Al vicepresidente la idea le venía como anillo al dedo. Felicitó al honorable. ¡Un pucherazo, que original solución!

–De acuerdo, Carles, de acuerdo -le contestó–. Que pongan pucheros por urnas. Tienes mi apoyo.

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