Espejismos


El ejercicio del poder político hace ver espejismos a cuantos siguen sus caminos. Da igual que el individuo circule por las autopistas de lo ejecutivo o lo haga por los caminos y atajos de la oposición. Al poco de emprender la andadura no tardan en confundir la realidad con los propósitos y las ilusiones. Así todos los indicativos, todos los resultados, todas las victorias y todos los reveses acaban por confluir en un gran espacio de acomodo para el contento y las secretas esperanzas.

Y así ha sucedido con la moción de censura presentada por Podemos contra el PP. La realidad nos muestra que este ejercicio parlamentario es un mecanismo para reprobar y destituir a un gobierno cuando desde la oposición se cuenta con las fuerzas suficientes para llevarlo a cabo. El sentido común nos dice que, cuando esa capacidad no existe, la moción de censura se convierte en una pirueta retórica para crear espejismos.

Y el primer espejismo en esta ocasión fue el recurso a la historia. El desempolvar otras dos mociones, igualmente fracasadas. La primera, la de Felipe González –PSOE contra UCD- a la que se le atribuye el posterior triunfo socialista como si el golpe del 23 F y el deterioro centrista no hubieran jugado papeles más esenciales. La segunda, la de Hernández Mancha –AP contra PSOE- a la que le atribuyen la caída de un político sin capacidad de liderazgo. Por tanto, llamado a desaparecer, con o sin moción, en cuanto la derecha ocupara el espacio que sociológicamente le correspondía al desaparecer la UCD.


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