Educación y códigos éticos

En el trabajo profesional, en la política también –sobre todo-, se habla –hablamos- muy frecuentemente de “códigos éticos”. Sin perdernos ahora en disquisiciones,se puede afirmar que en parte es una exigencia de la vida democrática que reclama siempre transparencia, control público, y objetividad en el juicio de los comportamientos políticos y profesionales. Pero la ética profesional va mucho más allá de esos códigos. La ética profesional se mueve en las coordenadas universales de la vida moral.

La relación entre libertad y educación es fundamental para entender el quehacer educativo y también para comprender el papel del alumno. Al igual que la educación es un proceso que se produce en el tiempo y que exige esfuerzo y dedicación, la libertad como señaló el Fausto de Goethe “solo la merece, como la vida -yo añado ahora la educación- quien se ve obligado a ganarla todos los días”.

Buenos profesionales, ciudadanos íntegros, hombres y mujeres de bien. En esto quisiéramos ver convertidos a aquellos que durante los años de la escuela y de la universidad tienen la obligación de dar lo mejor de si mismos para aprender. Pero para ello, los profesores tenemos que ser coherentes con nuestras enseñanzas y ser ejemplo de valores y principios éticos.

Los alumnos aprenden sobre todo de lo que ven, de lo que escuchan. De ahí que la responsabilidad de los profesores en este punto es crucial . A la postre, la tarea prioritaria para conseguirlo es que en eso nos convirtamos verdaderamente nosotros. Casi nada.

 

Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo

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