Servido en bandeja

No era considerado como uno de los suyos. Aunque con más de treinta años de servicios en la carrera y desempeños relevantes como fiscal superior de Madrid y en el Supremo, Manuel Moix resultó ser el único de los siete postulantes a la jefatura de Anticorrupción que no procedía de esta Fiscalía especial. Y fue quien de todos los candidatos obtuvo la mejor puntuación en la votación del Consejo Fiscal de turno.

Así las cosas, esta su condición de “outsider” y el proyecto de trabajo e intenciones presentado terminaron por llevarle a uno de los puestos más calientes del ministerio público: la jefatura de la Fiscalía Anticorrupción, donde, por lo que cuentan, las tensiones internas no son infrecuentes y por donde pasan procesos políticos de especial trascendencia, relativos a los delitos económicos u otros cometidos por funcionarios públicos relacionados con la corrupción.

El fiscal general del Estado quería poner orden en la revuelta Casa. Nadie mejor, pues, que quien además llegaba sin compromisos o prejuicios previos. El Gobierno asumió la propuesta que le llegaba y procedió al nombramiento de Moix. Pero, como digo, éste era ajeno corporativa y políticamente a los subordinados y un sector de los mismos lo recibió mal desde el primer minuto. Tiempo les faltó para ver en el nombramiento una maniobra del Ejecutivo para reconducir en su favor importantes procedimientos judiciales en marcha. Y en menos de cien días se lo han cargado.

Verdad es que el fiscal general y el propio Gobierno se lo han puesto en bandeja con una proposición y un nombramiento que no se deberían haber producido si uno y otro hubieran tenido la elemental precaución de repasar bien la hoja del interfecto. La hoja de servicios profesionales y técnicos hoy vale para lo que vale. Porque estando como están los tiempos, hay que mirar varias cosas más. Hasta los tuits enviados a lo largo de los años.
No obstante, la participación de Moix en una sociedad de un considerado paraíso fiscal como Panamá, por muy legal que fuese, le inhabilitaba para cualquier puesto responsabilidad pública y, de forma más que evidente, para la máxima responsabilidad en Anticorrupción. Si no por ética, sí por estética. La información al respecto estaba al alcance de la mano, habida cuenta de la profusión de detalles con que se ha producido. ¿Por qué no lo comunicó el propio Moix a quien debía?

Hasta la Asociación de Fiscales que lo había apoyado en el nombramiento le retiró el favor primero. Es de suponer que los llamados fiscales progresistas de la UPF, minoritarios en la carrera, pero muy eficaces en filtraciones y presencia mediática, estarán celebrando haberse cobrado esta primera pieza. Y digo primera porque no será la última. El propio fiscal general y el ministro de Justicia serán próximos objetivos. Uno y otro están bastante tocados. Al fondo, por supuesto, antes o después y por su debido camino, Mariano Rajoy.

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