Del chisme a la política pequeña

 

Cuando inicié mi andadura en esta profesión, un responsable político me afeó una información que firmé, aplicándome un calificativo que nunca he olvidado, tocateclas. Ni que decir que en aquellas las redacciones todavía olían a tinta. Los ordenadores y los móviles aparecían en las páginas de nuevas y futuras tecnologías. Aquella expresión se quedó grabada en mi memoria. La realidad es que siempre me hizo gracia porque comprendí que era una forma muy sutil de recriminar el deber de informar sobre lo que algunos quieren acallar. El comentario reciente de Rajoy al calificar ciertas informaciones de “chismes” me hizo esbozar una pequeña sonrisa con el pasado…Ya se sabe, siempre vuelve.

A pesar de la “gracia”, en verdad, la reflexión en conjunto de lo que está pasando en los diferentes ámbitos de las instituciones españolas, debería llevarnos a una seria visión de nuestra realidad. Nadie puede justificar que los ámbitos políticos anden enjuagando sus lágrimas o su cabreo, según les toque, a costa de la verdad. Los hechos deben ser interpretados, pero la realidad es tozuda y algo huele a “alcantarilla”. Envolverse en una bandera personal y profiláctica ante el descubrimiento de diversas tramas corruptas, a pesar de tener entre sus colaboradores a los máximos cabecillas de éstas, o afirmar que un presidente de un partido investigado por financiación ilegal sabe tanto de ella como el Papa de Roma, hace sospechar de eso que ha esgrimido nuestro presidente, “la política en grande”. Asumiendo que la política refleja en la actualidad mucha pobreza de dignidad y honradez, tal vez nos queden dos salvavidas a los ciudadanos que seguimos levantándonos bien temprano para luchar por nuestra integridad en una sociedad democrática como la nuestra.

Uno de ellos, la justicia, que desde el aumento de las investigaciones sobre casos de corrupción está en el punto de mira de la crítica diaria, llevándola a una situación insostenible. Los rumores, o certezas, sobre la parcialidad de jueces y fiscales, la falta de independencia en nombramientos y estructuración interna, conlleva nuevamente a la conclusión de que desde hace bastante tiempo se hace mucha “política en grande”, ralentizando la tarea de mejorar nuestro estado democrático. Nadie es inocente en esta situación porque todos somos culpables de no exigir cambios reales y verificables para nuestro sistema.

Poco mejor queda el llamado, tradicionalmente, cuarto poder. La prensa, los medios de comunicación social, como referentes ideológicos de las diversidades sociales y políticas de una sociedad libre, se nos quedan en entredicho, unas veces por nuestro nefasto hacer y otras por la necesidad de “matar al mensajero”. Atreverse a denostar y calificar como “chismes” informaciones sobre corruptelas, mayores o menores, o sobre las mentiras que sirven día a día políticos o responsables de instituciones judiciales que pagamos entre todos, debería ser motivo suficiente para pedir explicaciones ante la soberanía popular. Nada de ello es “política en grande”.

Precisamente, la grandiosidad de los conceptos es la primera equivocación. En verdad, la vida cotidiana está conformada de pequeñas cosas. Llegar a fin de mes, no es nada grande, pero es el pequeño gran reto de cada uno de los ciudadanos; detalles como poder pagar el recibo de la luz o que no se ejecuten desahucios, conforman pequeñas circunstancias que diferencian la gestión más cercana y en pequeño, dotando a la macropolítica de la dimensión necesaria para su utilidad pública. Por el momento, me quedo con la denuncia diaria de la prensa, de una parte y de otra. En su responsabilidad estará si se ajusta a la verdad o no, porque todo se paga. Mientras existan portadas de prensa, difícilmente será un chisme porque se dice a la cara.Tal vez lo que sí seguiremos siendo es ”tocateclas”. Pero de eso se trata.

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