Moción de censura

Los militantes del PSOE acudieron el domingo en masa a votar y presentaron una contundente moción de censura contra sus dirigentes, con la derrota de la candidata a la que apoyaban los nombres más destacados del pasado y del presente del partido.

Resulta especialmente significativo que la candidatura de Susana Díaz obtuviera menos votos que avales en comunidades como Andalucía -suficientes en todo caso para una victoria tan amplia como insuficiente-, Castilla-La Mancha, Madrid o Aragón, sobre todo después de las denuncias de presiones que se hicieron en la campaña.

El desahuciado Sánchez ganó holgadamente en casi todas las comunidades autónomas y se hizo así de nuevo con el control de un partido aun más dividido, con líderes regionales puestos en duda por sus militantes y un grupo parlamentario descabezado y no menos dividido.

Uno de los pocos datos positivos de la jornada del domingo y de la convulsa historia reciente del PSOE es el nivel de participación. Los cerca de doscientos mil militantes demostraron que les duele su partido y están dispuestos a defenderlo.

Queda por saber ahora si, además de defender a su candidato con uñas y dientes frente al rival interno, pedristas y susanistas serán capaces de guardar en el cajón los cuchillos que se han venido lanzando durante las últimas semanas.

Triunfó la moción de censura. Falta saber si es constructiva, con candidato y programa consensuado y capaz de atraer a los votantes que huyen en masa de sus siglas, o mero grito de protesta sin futuro contra una cúpula que, además de encadenar errores, demuestra haber escuchado poco a sus bases.

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