Partido en dos

Sea cual sea el resultado, el PSOE va a salir de las primarias peor de lo que entró y más dividido de lo que estaba, que no era poco.

Aunque confiados en la victoria, había un cierto temor en el entorno susanista de no ganar con margen bastante como para dejar vivo a Pedro Sánchez. Y así ha sido. Ni la presidenta andaluza ha barrido, ni el ex secretario general se ha estrellado, sino todo lo contrario. Tras el empate técnico registrado en la presentación de avales (sólo 6.000 apoyos más en beneficio de la primera), cuando el próximo domingo 21 se abran las urnas y se cierre el recuento, puede haber ocurrido de todo.

Algo más de dos de cada tres militantes socialistas se han posicionado en esta primera gran etapa del proceso para elegir al secretario general socialista. La batalla de los avales suele estar llamada en principio a tener un carácter más de trámite reglamentario que de otra cosa. Pero una movilización tan intensa como la registrada, el reparto territorial de los mismos y la exhibición de fuerza de Sánchez han dado al procedimiento un indudable significado político.

Así las cosas, en estas vísperas de las primarias socialistas bien puede darse por bueno ya que el partido va a salir de las mismas peor de lo que entró; más dividido de lo que estaba, que no era poco, y con una mayor visualización de que así es. Sea cual sea el resultado, estaremos ante un Partido Socialista roto en dos mitades difícilmente reconciliables, con ideas antagónicas sobre lo que la organización debe ser hoy y sobre lo que debe ser España.

El socialismo español ha acampado de siempre en la frontera del nacionalismo separatista, cuando no con un pie dentro. Y así sigue. Cierto es que la candidata andaluza, aunque sea retóricamente, conserva la idea de España, pero no lo es menos que se ha mostrado partidaria de retomar el estatuto de autonomía de Cataluña en la versión anterior a la sentencia purificadora del Constitucional.

Sánchez, por su parte, ha sido más claro y ha proclamado sin medias tintas que Cataluña es una nación. En este sentido es significativo que el socialismo catalán y sus aledaños valenciano y balear hayan volcado la fuerza de las respectivas formaciones territoriales en favor del candidato más proclive a convertirse en ariete de la estrategia separatista. Allí es donde el ex secretario general ha sacado los mejores números.

A la hora de recoger avales, éste ha ganado en la propia sede central de Ferraz y en diez comunidades autónomas, Galicia incluida, donde el máximo valedor de Susana Díaz, el alcalde de Vigo Abel Caballero, aunque va de sobrado por la vida política, ha quedado en esta ocasión un tanto desairado.

El tercer candidato en discordia, Patxi López, ganador en su País Vasco de procedencia, ha clamado por la unidad y viene jugando su baza como la alternativa en tal sentido. “La división –ha dicho- nos lleva al abismo”. Tarde –me parece- llega la advertencia.

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