El circo

 

EL circo vuelve a estar políticamente de moda. Mientras Ciudadanos calificaba la moción de censura de Podemos de nueva atracción circense, en Vilagarcía de Arousa el ayuntamiento prohibía la actuación de un circo por llevar animales en su espectáculo. Dos acontecimientos paralelos verdaderamente curiosos en los que el anacronismo y el cambio social saltan del trapecio del raciocinio a la cuerda floja del disparate.

Todos los mayores recordamos aquellos circos depauperados de nuestra infancia en los cuales las fieras salvajes eran una atracción de gran interés infantil. Incluso asistimos a la fuga de algunos leones, como aconteció en Vigo a principio de los ochenta. Muchos animales salvajes fueron vistos por primera vez, y a veces única, en infinidad de pueblos de España. Los perros amaestrados jugaban al futbol o cruzaban aros ardiendo, los elefantes simulaban saber contar, los caballos hacían cabriolas… Y los domadores solían ser tan valientes como musculosos.

Si al circo tradicional, como el aposentado en Vilagarcía, le sacamos los animales habrá perdido su esencia. Será otro tipo de circo. Tendrá que reinventarse. En realidad, gracias a los medios audiovisuales, ahora el circo ya no cumple aquella función de zoo ambulante y las habilidades de sus animales no sorprenden a ningún niño. Parece un juego innecesario, hasta absurdo y anacrónico. Tan fuera de lugar como la polémica animalista y las prohibiciones irracionales. Las cuales ejercen una oposición tan desmesurada como falta del mismo raciocinio de quienes se empeñan en mantener a los animales en sus espectáculos. Visto desde una parte u otra, el circo es así: “más difícil todavía”. Y ahora que la política tradicional, como los animales enjaulados, se ha convertido en un circo mediático, viene bien calificar en esa onda la propuesta de moción de censura de Podemos contra el PP, en un momento de debilidad de su organización y de la izquierda en general. El domador Pablo Iglesias ha saltado a la pista para perseguir al impasible león Rajoy, una persecución anacrónica y desprovista de otra opción real que la simple representación de la doma. Como la vieja costumbre del circo tradicional.

Sí, porque los domadores o adiestradores en realidad no afrontan casi ningún peligro, simplemente sirven al espectáculo protegiendo a la fiera y engañando al público. Por eso, desde los escaños de los espectadores, esta moción de censura a destiempo y sin posibilidades de triunfo, más parece un oportuno terrón de azúcar para la fiera. Con él distrae la atención del país y ayudará a consolidarse a Mariano Rajoy, quien saldrá de la jaula aplaudido, antes que con un dardo en el sillón de La Moncloa. La nueva política es así: “más absurda todavía”.

Está claro que la vieja política ni era un circo ni tenía animales enjaulados. Es evidente que la troupe de Iglesias debería tener un puesto de honor bajo la carpa instalada en Vilagarcía. Ya no serían necesarios los animales salvajes amaestrados.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar