Pobreza y desigualdad exigen cambios

El aumento de la desigualdad no siempre supone un incremento de la pobreza –a veces puede tratarse simplemente de que los ricos se hacen más ricos–, pero sea como sea, España presenta unos elevados niveles de desigualdad económica y desigualdad intergeneracional, que son, a su vez, muy superiores a la media europea. El problema de fondo exige, por tanto, una corrección política.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida publicada por el INE, la pobreza severa alcanzó en 2015 a 2,6 millones de personas en España, un 5,8% de la población, por encima del 3,6% registrado en 2008, pero algo por debajo del 6,4% observado en 2014 y del 7,1% de 2013. En general, la pobreza se concentra en la mitad sur de España y la crisis se ancla a la renta de los hogares jóvenes, mientras que respeta un poco más a los mayores, debido al mantenimiento de las pensiones.

Murcia, Andalucía y Extremadura son las regiones donde los ingresos medios por persona son más bajos y Madrid está en el otro extremo, aunque tiene una tasa de pobreza superior a las de otras comunidades ricas.

Visto con más perspectiva, España es el tercer país de la Unión Europea en pobreza infantil, según Unicef, que sitúa cerca del 40% el porcentaje de niños afectados. Al igual que pasa con la diferencia entre pobreza y desigualdad, en este caso el porcentaje puede verse atenuado por la economía sumergida, que en España es de un 25%. Pero aún así, el problema es grave y aconseja hablar con prudencia sobre la salida de la crisis, ya que queda mucha gente rezagada. De hecho, el final de la crisis no ha reducido de momento el riesgo de exclusión, porque el empleo que se crea es precario o simplemente es de baja calidad.

El problema con el trabajo no es solo de salario, sino también de temporalidad. “En 2014 había más de 6 millones de personas que aun trabajando habían ganado una renta inferior al salario mínimo”, constata Florentino Felgueroso, autor del estudio titulado Población especialmente vulnerable. “Y eso ocurre porque aunque su sueldo esté por encima del salario mínimo, trabajan menos de 10 meses al año o solo media jornada”, explica Felgueroso, profesor de Economía e investigador de Fedea.
Todo parece indicar que España necesitará al menos dos décadas de crecimiento continuo para recuperar los niveles de desigualdad de 2008, cuando, a pesar del ciclo expansivo precedente, ya se situaba en niveles medio altos de desigualdad en Europa. La corrección, si se amplía a la pobreza, exigirá igualmente una política fiscal más redistributiva.

España necesita definir qué dimensión de Estado precisa, lo cual exige una reforma fiscal, y sentar las bases de un nuevo modelo de economía productiva, ya que sin producir no es posible vivir bien. Son retos de los que apenas se habla –a fondo– porque es mucho más fácil crear una agenda política mediante artificios, que a menudo solo son cortinas de humo.

Los países que van bien o al menos no van tan mal como España tienen resuelto algo esencial: todos ellos saben a qué dedicarse. Tienen un modelo productivo y un Estado dimensionado a su medida, en unos casos con mayor peso en la economía que en España, como sucede en Francia o Alemania, y en otros, con menor peso, como pasa en Estados Unidos, donde el mercado tiene una vitalidad singular pero donde también es más alto el riesgo de pobreza y desigualdad.

 

José Luís Gómez é xornalista e editor de Mundiario.com

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