Una campaña única


He leído con detenimiento el libro de Eladio Jardón “Claves de una campaña única” (Teófilo Edicións) en la que el autor realiza un vuelo rasante sobre la campaña electoral de las últimas municipales, con Manuel Baltar como protagonista. Es una publicación curiosa en la que se mezcla la crónica con las reflexiones de un especialista en marketing y comunicación política. Al enfrentarnos a su lectura puede parecer que se nos ofrece la anécdota de una batalla más en la lucha por el voto. Pero no. Al autor, que ha tenido más de un año para reposar y repasar los acontecimientos, lo mueve otra percepción. Pretende transmitir al lector un acontecimiento “histórico”, la primera campaña de un candidato a presidir una Diputación.

 Desde esa perspectiva se justifica la publicación y vale la pena prestarle atención, más allá de la hojarasca de datos, acontecimientos anecdóticos y opiniones de personajes relevantes innecesarios para avalar el acontecimiento. Lo importante del libro -lo que le confirió la identidad de “campaña única” a la epopeya electoral de Baltar en mayo de 2015-, es la puesta en escena de este candidato con una intención esencial: la petición de confianza para seguir presidiendo la Diputación con el respaldo de las urnas.

Allá por 2012 escuché por primera vez a Manuel Baltar hablar de la necesidad y oportunidad de elegir a los presidentes de Diputación mediante el voto directo. Una idea interesante para defender la identidad de la Provincia en estos tiempos de políticas disolventes. Entonces lo empujé a escribir el libro “Falemos de ourensanía” y ahí dejó fijado su reto. La campaña, que ahora nos cuentan, es la materialización imperfecta, por imperativos de la legalidad vigente, de ese empeño político.

Resulta interesante, por tanto, desde el punto de vista documental, la existencia de este libro de Jardón. Es la primera vez en la vieja historia de las provincias, decretadas por Javier de Burgos en 1833, que alguien pide ser votado para presidir una. De este modo el arrojo del protagonista se enfrentó al vacío, ya que el resto de fuerzas no presentaban candidaturas. Mientras él ofrecía al elector un balance de gestión, un programa pensado en clave provincial y un equipo de gobierno, los contrarios permanecían anclados en los naturales localismos. Mientras Baltar recorría todo Ourense pueblo a pueblo, aldea a aldea, ofreciendo una identidad territorial y una directriz única, los contrarios estaban distraídos con el bache de la esquina o la farola rota. Hizo una apuesta audaz, que solo desde la perspectiva del tiempo podrá ser valorada.

El resultado papable fue la cosecha del 43,94% de los votos en un tiempo en el que PP vivía momentos muy bajos. Los suyos fueron la lista más votada en 70 de los 92 municipios ourensanos. ¿Hasta dónde la campaña presidencialista influyó? ¿Hasta dónde la unidad de acción movió a la ciudadanía? ¿Cuánto condiciona la identidad provincial a la vida municipal? Estas son interrogantes para el debate sobre el futuro de la provincia como entidad geográfica y política avalada por el voto directo. Ese empeño de Manuel Baltar que, como un llanero solitario, se ha echado la provincia a las espaldas para demostrar que la Diputación es un ente intermedio útil, necesario y alejado del pasado. Las claves de su campaña única.


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