El Pacto se complica


“Si quieres solucionar un problema nombra un responsable. Si quieres que el problema perdure, nombra una comisión”. Es una máxima atribuidas a Napoleón que debió tener como norma de la acción de gobierno el estratega francés y no le fue del todo mal.

La frase hizo fortuna y suelen aplicarla los dirigentes de empresa, de clubes y de asociaciones y hasta los presidentes de las comunidades de vecinos que evitan crear comités que consideran una forma de malgastar tiempo y recursos.

La excepción está en el mundo de la política. La percepción ciudadana es que los dirigentes políticos disfrutan creando comisiones para todo: de investigación y de seguimientos varios, de estudio, de incidentes o accidentes, de festejos…, comisiones que se alargan en el tiempo -¿tendrán algo que ver las dietas?- y poca más utilidad tienen que ajustar cuentas con el partido contrario.

Traigo esto a colación a propósito del Pacto por la Educación que, siendo una necesidad sentida y largamente esperada por la comunidad educativa y por los ciudadanos, corre peligro de encallar de nuevo perdido en un mar de comités en los que todos los comisionados quieren sacar adelante sus propuestas, pero ninguno parece dispuesto a renunciar a sus planteamientos.

Recuerden: se creó una subcomisión en el Congreso que empezó los trabajos en febrero y fijó un plazo de seis meses para llegar a un acuerdo; el Senado acordó crear otra comisión para atender las reclamaciones de las autonomías; habrá un tercer grupo de trabajo dentro de la Conferencia Sectorial de Educación compuesto por representantes del Gobierno y de las comunidades para que estas tengan más protagonismo en los trabajos; el cuarto comité es el de los consejos escolares autonómicos, la voz de los padres, profesores y alumnos que forman la comunidad educativa y quieren elaborar otro documento que refleje sus necesidades; también quiere participar el Consejo Escolar del Estado, organismo consultivo del Gobierno, aunque aún no está establecido el procedimiento…

En fin, que si a Napoleón le parecía poco operativa una sola comisión, hay que tener mucha fe para creer que tantos comités con tanta gente pensando, con sus modelos educativos, sus prejuicios e intereses contrapuestos, puedan alumbrar una sola ley que sea la verdadera expresión del Pacto de Estado por la Educación.

¿Está todo perdido? Un profesor de instituto tiene una fórmula para alcanzar el acuerdo que contaré el miércoles.


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