Universidad Rey Juan Carlos


Seguí con la atención de quien quiere estar informado del largo episodio que protagonizó la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid –URJC–, desde los plagios del exrector Suárez hasta la elección de su sucesor, incluyendo el bochornoso espectáculo de dos catedráticos liados a tortas. Sin entrar en responsabilidades jurídicas, quede claro mi rechazo frontal a la práctica del plagio en el mundo académico y en cualquier otro ámbito. La propiedad intelectual es una de las pertenencias más sagradas por ser fruto del esfuerzo y del estudio y los conocimientos son un valor que debe ser protegido y d­efendido.

Hecha esta anotación, en el affaire de la URJC llamaron mucho la atención las manifestaciones de Rosa Berganza hechas en campaña electoral como candidata a suceder a Suárez en el rectorado. En la entrevista que publicó el diario El País, el 10 de febrero, la profesora de Comunicación Política dejó este titular: “Mi universidad funciona como una red clientelar con unas prácticas al más puro estilo mafioso”.

“¿Hay miedo?”, preguntó la periodista. “La URJC, respondió, es una organización cerrada donde prima el silencio y quien ejerce como voz discordante es perseguido hasta su exterminación. Todo se compra con prebendas. Las reglas de juego no son para todos iguales, sino que se negocian individualmente con el rector a despacho cerrado. Ejerce el “tú sí, tú no”, “a ti te doy esto, a ti esto otro…”. Compra el silencio de las personas y ejerce con muy poca transparencia”.

Rosa Berganza dejó otras perlas, como el silencio vergonzoso del profesorado ante el plagio, que el personal está atemorizado o que prima el nepotismo que favorece la colocación indiscri­minada de familiares o amigos. Para rematar, esta profesora que enseñó en tres universidades afirmó que lo que denuncia “en parte es una característica del sistema universitario español”.

Es verdad que en campaña electoral los candidatos, también los académicos, se exceden en su denuncia de la gestión anterior y en las promesas de cambio que realizan. Pero si es cierto solo parte de lo que dijo la profesora y candidata Berganza, estamos ante un sistema universitario represivo y corrupto.

Y eso es de tal gravedad que sorprende que la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Educación no hayan iniciado una investigación para saber lo que ocurre allí dentro. Investigación que deberían hacer extensiva a las demás universidades financiadas con recursos públicos.


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