Ladrones de orden


No sé cómo está tipificado en el resto de Europa ni me he preocupado de averiguarlo. En España basta con doblar la mirada al pasado para comprobar hasta dónde y cuánto está arraigada la figura del delator y su uso por parte de la Justicia. Llevamos las prácticas de la Santa Inquisición indelebles bajo la piel. Acusar al vecino, con o sin pruebas, siempre ha resultado altamente lucrativo para el chivato y de provecho para el Estado, para la Iglesia y para el cacique, entre otras tradicionales figuras de “orden”. Ahora también.

Tampoco sé dónde está la línea divisoria entre el delator y el arrepentido por interés o por miedo, ni he querido entrar en esa discusión. La cuestión es que el magma de la corrupción ha llegado a los tribunales plagada de personajes, otrora amigos y cómplices, alimentada por delatores y arrepentidos a un nivel que, además de repugnar por lo delictivo de sus actuaciones, insulta a la sociedad por cómo son tratados por los tribunales de Justicia, en cumplimiento de las leyes vigentes. En casi todos los casos que están siendo juzgados -Nóos, Gürtel, Taula, Brugal, Púnica, Bankia, Palau…-, nos han hablado de la existencia de arrepentidos y delatores a cambio de rebajas de penas. Por lo general gente de “orden” hasta que los calzoncillos les cambiaron de color. Gente “respetable” por “su gestión” y -¿cómo no?- por la solvencia de sus fortunas. Individuos como Jordi Montull, capaz de abrir la caja de Pandora en el caso Palau para librar a su hija Gemma. Lógico amor de padre, naturalmente, pero nada congruente la promesa de la fiscalía de reducir una petición de cárcel de 26 años a dos, con lo que la chica no pisará el penal. Declaciones además sin pruebas, de modo que todo el entramado se queda en un cruce de palabras contra palabras, produciendo un final feliz y de “orden”.

¿Esto es impartir justicia? ¿Con qué mecanismos modernos y eficaces cuentan los jueces y la policía para investigar? ¿Hasta dónde llegan las componendas? ¿Dónde concluye el agua de purificar y empiezan las cloacas? El inventario de interrogantes nos resulta agotador a los ciudadanos. Estamos cansados de ser víctimas y espectadores de tanta ignominia y el empleo de trucos por parte de los poderosos para certificar a todas horas ese viejo y sabio dicho de que la Justicia no es igual para todos.

¿Es soportable leer el auto por el que Blesa y Rato no están en prisión preventiva por el caso de las tarjetas Black? En él se pone de manifiesto la actitud “intachable” y “cabal” durante el juicio de estos dos caballeros condenados. Del mismo modo sucede con Urdangarin, de quien no se teme su fuga dado el arraigo familiar. Puede tranquilamente seguir viviendo en Ginebra gracias al espléndido sueldo de su ignorante señora a quien ahora sirve de eficaz cocinero.

Quienes habíamos creído que, con la apertura de todos los juicios en macha, se abrían las puertas de las condenas ejemplares, estamos decepcionados. Pero también nos sentimos inseguros comprobando como los ladrones, los delatores y los falsos arrepentidos, las ratas y los buitres siguen teniendo bula, en tanto que sea “gente de orden”.


© 2011 Galega de Comunicación e Información, S.L.U. - Aviso legal - Contacto