Corrupción, economía y política


Hay un cierto paralelismo entre el rescate de la banca y la corrupción en España: en uno y otro caso, no terminó en la cárcel ningún número uno. Entre rejas acabaron personas que, salvo excepciones como Rodrigo Rato, no pasaron de segundones en la vida pública española. Si cogemos la lista de los que fueron a prisión por la corrupción o los líos de las cajas, vemos que muchos de ellos se hicieron famosos una vez investigados, ya que hasta entonces nadie había reparado en esas personas.

También hay un cierto paralelismo entre la financiación de los partidos tradicionales: casi todos ingresaron alguna vez dinero de empresarios adjudicatarios de obras o concesionarios de servicios de la Administración pública. Las diferencias estarían en lo que se quedó en manos de los intermediarios de un circuito formado, esencialmente, por el político que concede prebendas y el beneficiario que le recompensa por el favor. Todo lo demás, el reparto del dinero de la mordida entre un partido, un intermediario o un político, no se daría sin el acuerdo de los dos primeros personajes.

En ambos escenarios, el financiero y el político, hay mucho interés en pasar página cuanto antes, pero visto con perspectiva -con las luces largas-, podríamos preguntarnos: ¿realmente han ido al banquillo y a la cárcel los principales responsables de la crisis financiera y de la corrupción en España? ¿Se ha resuelto ya el grave problema político que entraña la financiación de los partidos?

Por momentos, da la sensación de que en España alguien quiere hacernos creer que hubo unas cuantas personas que se pusieron a robar o a malgastar en sus organizaciones sin que nadie se diese cuenta durante años y años. Y que cuando la justicia se enteró, resultó que esas personas habían robado contra las indicaciones de sus jefes, que al ser hombres de bien terminaron no menos escandalizados que la gente de la calle.

Una versión tan edulcorada de lo sucedido en España hubiera sido creíble si se tratase de un caso aislado, pero resulta que los modus operandi son muy similares en casi todos los casos, que son centenares, puede que incluso miles. ¿Podemos pasar página creyéndonos que todos los números uno no se enteraron de nada mientras algunos de sus mandos intermedios robaron a manos llenas? ¿Es eso lo que pasó en España?

 

 

José Luís Gómez es periodista y editor de Mundiario


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