Corrupción e impunidad


El CIS  ausculta periódicamente los latidos de la sociedad y en el último barómetro reitera que la corrupción es el segundo problema que preocupa a los españoles, lo que corrobora las conclusiones del “Índice de Percepción de la Corrupción 2016” de Transparencia Internacional –TI– en el que España cae al puesto 41 de 176 países, su peor resultado histórico.

Con una nota de 58 puntos sobre un máximo de 100 España queda posicionada en el grupo de los países europeos percibidos como más corruptos y para los técnicos de TI es muy preocupante que esta caída se acepte con toda normalidad sin que se vislumbren indicios de mejora.

La percepción ciudadana es de una lógica aplastante. Es imposible no percibir la corrupción cuando hay tantos casos abiertos -Gürtel, Ere, Cursos de Formación, Tarjetas black, Matas, el 3% de CiU, Taula, Púnica…- y han pasado por el banquillo de los acusados, están en él ahora o esperando para ser juzgados decenas de cargos públicos corruptos y empresarios y hombres de negocios corruptores, o cuando la justicia acaba de condenar a los responsables de la Gürtel en Valencia. Los negocios de la familia Pujol y del ex vicepresidente Rato, delincuentes compulsivos, son los casos más espectaculares de corrupción de cargos públicos que asombran a los españoles y dañan la reputación del país y de la política.

Pero más allá de la percepción de la corrupción, la indignación ciudadana crece ante la sospecha de que importantes casos destapados van a quedar impunes y los corruptos y corruptores, que ahora andan sueltos, se irán de rositas sin castigo alguno.

Otra impunidad que irrita a la gente es que no se recupere nada de lo robado en un país azotado por la crisis que aplica recortes en servicios públicos por falta de recursos. En enero la ministra de Sanidad lanzó el globo sonda de subir el copago de los medicamentos y una jubilada gallega le contestó que “si tantos non roubaran tanto ou devolveran o roubado non faría falta aplicar esa subida ás medicinas”. Una sabia respuesta que recoge el sentir ciudadano que sabe que el dinero no se evapora, está a buen recaudo en Andorra, Suiza y otros paraísos.

En un informe de noviembre TI concluía que el 80 por cien de los españoles suspenden al Gobierno en la lucha contra la corrupción y acusan a partidos y políticos de ser muy tolerantes con esta lacra. ¿Tomarán en serio todos ellos algún día la limpieza y regeneración de la vida pública?

 


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