Tan duro como el cáncer

La lucha contra el cáncer suele ser larga y extenuante, con duros tratamientos y largas bajas laborales. La situación empeora si cuando se diagnostica la enfermedad el paciente está en paro. Le ocurrió a Beatriz Figueroa, que se vio al cabo de largos meses de quirófanos y quimioterapias con que se acababa el período de incapacidad laboral transitoria, seguía sin empleo y la única respuesta de la Administración era una prestación de poco más de 400 euros.

 Inició otra larga lucha. Consiguió reunir más de medio millón de firmas para que los enfermos de cáncer con tratamientos prolongados tengan acceso a la incapacidad laboral permanente. Se trataba simplemente de que se acometiese el desarrollo de una ley aprobada en 1997.

El BNG se hizo eco y la diputada Olalla Fernández presentó una proposición de ley que llegó al pleno del Congreso en octubre del 2014. Todos los grupos la apoyaron, pero el PP rechazó con su mayoría absoluta su toma en consideración, argumentando que debería ser objeto de debate en un marco más amplio como el del Pacto de Toledo.

Han pasado dos años más. Beatriz Figueroa consiguió en los tribunales la incapacidad permanente para ella, pero continúa en su lucha porque todo sigue igual. Muchos enfermos perciben prestaciones miserables mientras tienen que pagar el 40 % de sus medicinas o se enfrentan al despido cuando son dados de alta sin estar en condiciones para desarrollar su trabajo.

 Acaba de celebrarse un año más el Día Mundial contra el Cáncer con grandes declaraciones de apoyo, pero la demanda de miles de enfermos que se ven cerca de la miseria sigue dormida en algún cajón.

 

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