El miedo “líquido”

El autor de la teoría del pensamiento líquido, de la sociedad líquida, Zygmunt Bauman, acaba de fallecer estos días. Bauman, conocido sociólogo polaco  afincado por necesidad fuera de su tierra en la década de los setenta del siglo pasado, es uno de los mejores cronistas de la sociedad de nuestro tiempo y de las tendencias y corrientes de pensamiento que han influido y sigue influyendo en la vida de millones de seres humanos en el mundo.

Pues bien, Bauman entiende que una de las manifestaciones de la posmodernidad es el miedo líquido. Un género de miedo asociado a la crisis de la modernidad. Más propiamente una forma de reaccionar ante la insatisfacción profunda que trae precisamente la modernidad. En efecto, la modernidad, contra lo que pudiera pensarse, no trajo consigo automática y mecánicamente la felicidad social. Más bien, la cantinela de que la razón, las ciencias y, sobre todo la técnica, elevarían por arte de magia las condiciones de vida del ser humano, ha sido una terrible falacia, un fraude de colosales dimensiones.

Por contraste, lo que se ha instalado en la vida social, dice Bauman, es un miedo cambiante consecuencia de varios factores:  desastres naturales yl terrorismo de cuño yihadista islámico. El resultado es la gran paradoja que denuncia Bauman: una sociedad que pretende la liquidez, el dominio de lo efímero y  la ausencia de compromisos y convicciones, se nos presenta asediada por miedos durables.

Particular interés tiene para Bauman la cuestión del multiculturalismo. La trata en “Múltiples culturas: una sola humanidad”, donde cuestiona esa tan extendida idea  multicultural de que cualquier expresión cultural es valiosa con independencia de  si se enmarca o no en la defensa y protección de la dignidad humana.

En efecto, elmulticulturalismo, que nos conduce a la cultural íquida, trae consigo, lo vemos y experimentamos a diario, un creciente  miedo a lo diverso,  al inmigrante, al refugiado. ¿Por qué?. Porque cuando no hay convicciones, cuando no hay respeto a la dignidad humana, unos se aprovechan de ello, como hemos visto no hace mucho en varios países de Centroeuropa, y otros se instalan en esa zona de confort del individualismo insolidario y consumista que hoy tiene paralizada a Europa.

En fin, muchas enseñanzas podemos extraer de los relatos sociológicos de Bauman. Uno bien importante es la necesidad de superar esa tendencia liquida y ese primado de lo efímero y lo insustancial, por el profundo respeto a las convicciones y a los compromisos. Sobre todo, a quienes promueven, defienden y protegen la dignidad humana.

 

Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo

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