El precio de la luz

La ola de frío de la semana pasada no es una anormalidad en esta época del año. Lo anormal es que en pleno rigor invernal el precio de la luz se dispare –tan anormal que la Fiscalía del Supremo abrió una investigación– y aboque a millones de personas, las más vulnerables, a engrosar la lista de la pobreza energética, porque no tienen dinero para mantener sus casas con luz y temperatura adecuada.

En el sector de la energía, especialmente en la electricidad, paradójicamente todo es oscuridad. No se entiende la factura mensual, ni el argot peculiar de “subasta eléctrica, mercado mayorista, déficit tarifario, peajes regulados, tarifa de último recurso, la ristra de impuestos…”. Un lío. Lo único claro es que unos pocos operadores controlan todo el mercado a su antojo.

El ministro del ramo dijo sin ponerse colorado que la factura de la luz va a subir unos 100 euros este año –ahora desconfía de las eléctricas y pretende abaratarla– y culpó de este precio insultante a la falta de viento, la escasez de lluvia, el precio de los carburantes, la política energética de Francia… Le faltó citar entre los culpables a Putin por enviar el aire de Siberia.

Ni una palabra de la política energética errática de los sucesivos gobiernos, ninguno de los cuales se atrevió a reformar el mercado eléctrico en el que reina un liberalismo feroz que reporta beneficios espectaculares a cuenta de los abonados. ¿Tendrá algo que ver la desidia oficial con las puertas giratorias de las eléctricas que se abren para ex ministros y exaltos cargos de las administraciones?.

Es verdad que después de la desgracia de la anciana que moría “a dos velas” en Reus –Gas Natural Fenosa, ejemplo de deficiente atención al cliente, le había cortado la luz–, los gobernantes buscan formas de combatir la pobreza energética y proclaman que la electricidad debe ser un derecho protegido.

Está bien, pero es un parche. Estos políticos recuerdan al don Juan de Robres, el “benefactor” del epigrama de Juan de Iriarte que “con caridad sin igual, hizo este santo hospital y también hizo los pobres”. Ellos sellan ahora pactos para que no se corte la luz a los hogares vulnerables, pero antes crearon la pobreza energética que amenaza a muchos.

Se olvidan de nuevo de diseñar una política de la energía rigurosa abriendo el mercado a la competencia para que el precio de la luz, bien de primera necesidad, sea razonable y asequible para todos.

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