Fernández Gayoso

Esta reflexión es políticamente incorrecta. Pero, del mismo modo que miles de ciudadanos gallegos, me siento orgulloso de lo que pienso sobre el personaje que la motiva.

Me ha dolido imaginar a Julio Fernández Gayoso cruzando el umbral de la prisión de A Lama. La trayectoria de este financiero es el paradigma de la descomposición de un tiempo –el nuestro–, donde el triunfo y la voluntad de progreso se ven condenados al cubo de la basura por la mezquindad y las intrigas. Por la conspiración y la victoria de los necios.

Cuando la década de los años cincuenta entraba en el calendario, este hombre con solo 17 años cruzaba la puerta de una rancia oficina de La Caja de Ahorros Municipal de Vigo, sobre la que la política municipal-franquista tenía todo tipo de potestades. Era un empleado más y nada hacía augurar que antes de los 35 años llegaría a ser, paso a paso, en silencio y con discreción, el director general de la entidad. Luego fue el unificador de las tres cajas del sur y finalmente el presidente del grupo.

Gayoso no solo convirtió aquella rancia entidad en una empresa moderna, reluciente, audaz y de confianza, sino que fue motor de la cultura, la universidad, el deporte, la obra social, la sanidad… apostó por la iniciativa privada, la expansión urbana, el sostenimiento de la industria y del naval… Engrandeció el patrimonio de la Caja y nunca estuvo cerrado ni al servicio de ningún grupo, ni de presión ni de opinión. Era considerado un timonel impecable.

Sin embargo nunca hay historia sin nudo. Ni conflicto sin malvados. La obra de Gayoso, como todas las Cajas, se vio asediada por la codicia de los bancos privados, la mediocridad financiera de muchos políticos y las expansiones competitivas, amén de la rapiña institucionalizada. No obstante Caixanova flotaba sobre aguas transparentes y nada hacía pensar en un hundimiento hasta que la obligada fusión con Caixa Galicia –contra la voluntad y sapiencia de Gayoso– la puso a la deriva. Lo que sucedió después fue la crónica de un suicidio anunciado.

Ahora el buen timonel está siendo tratado como un preso “ejemplarizante” por una cuestión donde es considerado “cooperador necesario”. La mayoría de aquellos sectores y personajes, honrados con su buen trato, guardan silencio o se tiran sus miserias a la cabeza, tratando de justificar coartadas, como si en A Lama se estuviera haciendo justicia, cuando estamos ante una ejemplar injusticia.

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