El perdón de Trillo

Me gustaría saber qué significa la palabra perdón para personajes como Federico Tillo y qué conceptos y preceptos encierra desde el punto de vista moral para él. Su empecinamiento en no pedir perdón por los desgraciados sucesos que rodearon el accidente del Yak-42, en el que murieron sesenta y dos militares españoles y la tripulación del aparato, es realmente monumental.

Pero Trillo no está solo en el manejo de ese diccionario oculto. Si volvemos la vista atrás no resulta inusual escuchar a miembros del PP exigir peticiones de perdón a causantes de atrocidades y a culpables de errores políticos. Exigencia sine qua non para dar por cerrados casos y causas. La petición y exigencia de perdón tienen, a mi modo de ver, una importancia capital para Trillo y para quienes respaldan su tozudez después de conocerse el informe del Consejo de Estado.

Un informe nada sospechoso de partidismo que desvela documentos inéditos, comportamientos impropios y atribuye responsabilidades máximas al Ministerio de Defensa en relación con el accidente. Sin embargo, desde algunos sectores del partido conservador, se pretende una responsabilidad abstracta cuando la realidad señala –y debe señalar- a los responsables políticos y militares del departamento. Y en la cúpula de la pirámide estaba Federico Trillo quien, además, mintió, manipuló los datos y los cadáveres, y cerró los ojos ante la evidente malversación de fondos públicos y estafas en la contratación del avión. Para incomprensión del ciudadano, a todos estos despropósitos aún debemos sumar la existencia de informes secretos sin desclasificar, de los que probablemente se desprendan nuevas luces sobre la verdad sustraída.

Trillo nunca aceptó responsabilidad alguna, ni política ni moral. Nunca dimitió y, para más inri, se consideró absuelto por las urnas. Pedir perdón, por tanto, para él representaría reconocer que causó daño o fue cómplice del mismo. El actual ministro de Justicia, Rafael Catalá, no ha tardado un segundo en desviar la cuestión hacia los tribunales para exonerarle de culpas. Fernando Martínez-Maillo ha puesto letra a la misma música y María Dolores de Cospedal ha tratado de cerrar la herida con un gesto. Si Séneca los contemplara no dudaría en calificar al grupo de estoicos, ya que él desaconsejaba el perdón por considerarlo contrario a la justicia. El mismo perdón que, mediante el indulto, el Gobierno de Rajoy otorgó a los militares judicialmente condenados por este caso.

Pero paradójicamente Trillo no huye del perdón para que se haga justicia, ni aplica el espíritu del Padrenuestro o del Credo, que tantas veces habrá rezado. La suya es una posición en la que la soberbia tiene más fuerza que el espíritu moral del Nuevo Testamento en el que su generación, como la mía, fue educada. Si no hay confesión nunca habrá perdón de los pecados. O, lo más importante, no habrá existido el pecado. Quizás ahí se encierre el significado de la palabra perdón para Federico Trillo. Kyrie eleisón.

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