A la caza de Trillo

A Federico Trillo le tenían ganas desde hace tiempo. Es uno de esos personajes a los que se los persigue política y mediáticamente tanto o más por sus principios ideológicos y creencias personales que por actuaciones en los cargos públicos desempeñados, en las que –por supuesto- no faltan las inevitables sombras. Al ex ministro Fernández Díaz le sucede un poco lo mismo.

Primero reclamaron su cese inmediato como embajador en Londres. Y cuando se percataron de que eso era algo prácticamente hecho por otra serie de circunstancias, han pasado a reclamar que no se incorpore a su puesto de letrado mayor en el Consejo de Estado, ganado por oposición y al que, por tanto, tiene pleno derecho.

A parte de para seguir la cacería, para eso y por eso ha sido desvelado estos días un párrafo del dictamen del referido supremo órgano consultivo del Gobierno, intrascendente en términos judiciales, de carácter secreto y aprobado hace un par de meses, sobre responsabilidades administrativas del Ministerio de Defensa en el accidente del Yakolev-42 que hace más de trece años (mayo de 2003) se cobró la vida de 62 militares españoles que regresaban de Afganistán; esto es, siendo titular del departamento Federico Trillo. Y se divulga ahora: justo cuando el ex ministro está muy cerca de optar por su puesto, de carácter profesional y no político.

¿Quién o quiénes son responsables de haber filtrado el documento en cuestión? Por estos nuestros lares, tales irregularidades no se suelen investigar. Pero el hecho de que la filtración se haya producido al diario de siempre –El País- hace pensar en el/los autores del dictamen o círculos próximos que tienen a este medio como periódico de cabecera.

A juzgar por la rapidez con que reaccionó ante lo que viene a ser la primera tormenta política del año, ofreciéndose a comparecer en el Congreso y recibir a los familiares de las víctimas, es de suponer que la nueva ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, conocía el dictamen. Ahora, oposición política, mediática y familias forzarán a que tal comparecencia se desarrolle según el formato que más escándalo pueda producir. A las últimas se les comprende; a los demás, no tanto.

No sé si, con todo, si la ministra no se meterá en exceso en la boca del lobo. Porque, entre otras cosas, los familiares han venido siendo desde el primer minuto el colectivo más ferozmente crítico con el Gobierno. En su libro “Valió la pena” el por entonces director del CNI, Jorge Dezcallar, cuenta la hostilidad con que Aznar y el propio Trillo fueron recibidos cuando, a la llegada de los féretros, en la base de Torrejón, uno y otro se acercaron a dar el pésame a los familiares.

“Insultados –escribe- de una manera terrible, ambos regresaron demudados por el mal trago pasado”. Y no era para menos, añade. Porque aquello fue una notable chapuza, que se complicó con la entrega de algunos cadáveres sin la identificación correcta debido a las prisas que hubo por pasar página cuanto antes.

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