¿Son fiables las llamadas balanzas fiscales?

El Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas (MIHAP) ha publicado esta semana los resultados del Sistema de Cuentas Públicas Territorializadas (SCPT) correspondientes a 2013. El trabajo sigue la metodología, ya presentada en julio de 2014, desarrollada por Ángel de la Fuente, Ramón Barberán (Universidad de Zaragoza) y Ezequiel Uriel (Universidad de Valencia), en el marco de un proyecto de investigación comisionado por la Fundación SEPI. Esta operación estadística, incluida en el Plan Estadístico Nacional 2013 – 2016, ofrece una radiografía detallada de la distribución territorial de los presupuestos públicos desde una óptica de carga-beneficio, tanto por el lado del ingreso como del gasto.

¿Qué significa todo esto? Las balanzas fiscales son un instrumento para medir el efecto agregado de la redistribución de los ingresos y gastos de la Administración central en los distintos territorios. Para realizar dicho cálculo pueden utilizarse distintos métodos. El recientemente publicado por Hacienda usa el llamado método de carga – beneficio, que estima el impacto de los ingresos y gastos públicos sobre el bienestar de los ciudadanos. Se diferencia, por tanto, del denominado método del flujo monetario, que imputa el gasto en el lugar en el que se realiza.

Habitualmente, se hace un mal uso de los saldos obtenidos de las balanzas fiscales, pues muchas veces se confunden los términos y se identifican con financiación autonómica. Si bien son conceptos que están relacionados, sólo lo están en parte. Otras veces lo que se quiere analizar es la mayor o menor solidaridad entre los territorios, pero las balanzas fiscales no son el mejor instrumento, ya que dejan fuera del análisis aspectos tan importantes como la producción de energía de la que se benefician otras comunidades a precio subvencionado.

Para analizar el grado de solidaridad han de hacerse otro tipo de cálculos, tales como comparar la producción de cada territorio con su nivel de renta disponible, descontados los impuestos, y añadido el saldo neto de transferencias y subvenciones. Las balanzas fiscales recogen, por ejemplo, los saldos fiscales del sistema de pensiones que se generan entre territorios, de ahí que, por ejemplo, Galicia tenga un saldo altamente deficitario, mientras Madrid es la que más aporta.

Además de este saldo interterritorial, se tienen en cuenta las inversiones territorializadas del Estado en las distintas comunidades, municipios, etcétera, que también quedan lejos de pertenecer al sistema de financiación. Pese a ello, hay una parte del saldo de las balanzas fiscales que sí responde al peso de la aportación fiscal de cada autonomía a las arcas públicas, pues está ligado a la recaudación de IVA, IRPF, Sociedades, etcétera, y, claro está, aquellos territorios que tienen mayor actividad son los que más aportan, a la vez que son también los que menos reciben del fondo de suficiencia.

Cuando se hace el cálculo de la recaudación territorializada de los impuestos estatales, se toma como referencia la sede de dirección efectiva, que para las grandes empresas suele estar en Madrid y Barcelona, aunque luego se distribuya su actividad por todo el territorio español.

¿Conclusión? Hay que tener claro que los resultados del cálculo de las balanzas fiscales son interpretables en función de lo que miden. Los juegos políticos –partidarios o territoriales– que se derivan de la interpretación de los datos son otra cosa.

@J_L_Gomez

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