Igual que en diciembre

 

Los padres fundadores’ de esta etapa democrática, tan fructífera como denostada por la nueva política, establecieron el ‘día de reflexión’ que sirve para que los electores repensemos el voto que la mayoría ya tiene decidido.

El hecho cierto es que, fruto de la reflexión del sábado -y seguro que de los seis meses anteriores-, los ciudadanos dieron el triunfo a la España moderada, vuelven a dar vida al bipartidismo clásico y apostaron por la estabilidad huyendo de los aventurismos.

Ahora, tras este resultado, quienes deben reflexionar son los líderes políticos. Porque los electores volvieron a decretar el fin de la política fácil y a veces arrogante de los gobiernos de las mayorías absolutas y ratificaron el nuevo tiempo de la ‘gobernanza compleja’ en minoría que necesita de la colaboración y generosidad de varios partidos. El mandato claro de las urnas es el cambio y, en esta hora de la política, el verdadero cambio es el pacto.

Primero, para formar un gobierno estable, que es el problema de más urgente solución. Después para situar en el centro del debate parlamentario el programa de medidas y reformas que necesita el Estado. Están esperando la reforma de la Constitución y el desafío independentista, una ley de educación consensuada con todos los actores, la reforma de las administraciones, la fiscalidad y la justicia, la regeneración de la vida pública, la recuperación del lugar que corresponde a España en Europa y en el mundo… Sin olvidar el crecimiento económico y la creación de empleo, única garantía del sostenimiento del Estado de bienestar y de las pensiones.

La tarea que hay que hacer es enorme y debería ser apasionante para los políticos constitucionalistas que, por otra parte, coinciden en principios fundamentales como la unidad de España, la igualdad de los españoles, el modelo económico y de sociedad y en sus propios modos de vida.

Pero todo indica que estamos como en diciembre. Las cúpulas de PSOE y Ciudadanos, en lugar de vender su apoyo o abstención al Partido Popular a cambio de regeneración y reformas, se enrocan en vetos personales que causan indignación y vergüenza entre los ciudadanos de un país en el que es un clamor la formación de gobierno. Les falta altura de miras y sentido de responsabilidad por anteponer de nuevo los intereses personales y partidarios a los intereses generales. ¿Qué pecado cometimos para vivir más meses de bloqueo político e incertidumbre económica?

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