España aún no puede bajar los impuestos

 No es la primera vez que Mariano Rajoy, candidato del PP, dice que hay que bajar los impuestos y después los sube. Si España, según las autoridades de Bruselas, tiene un agujero en sus cuentas públicas de al menos 8.100 millones de euros, que habrá que rellenar, malamente van a poder bajarse los impuestos. Es más, habrá que pensar más bien en subirlos

Lo único cierto, de momento, es que Bruselas se ha hecho con las riendas de la política macroeconómica española, dominada por una devaluación interna que, en síntesis, reduce los salarios y sube los impuestos; tanto, que la presión de la crisis llevó en sus primeros años los niveles salariales más comunes hasta los umbrales de la pensión media y la prestación por desempleo.

En España se olvida a menudo que el Estado recauda menos que otros países de su entorno. Puede que gaste mal y que recorte a granel, sin distinguir entre gasto productivo e improductivo, pero lo cierto es que la presión fiscal en España sigue siete puntos del PIB por debajo de la media de sus socios.

Los datos de 2016 tampoco acompañan. El Estado está ingresando menos de lo previsto, especialmente en impuestos como el de sociedades, que es el que pagan las empresas y donde, desde el inicio de la crisis, se centra la caída de ingresos y el consiguiente incremento del déficit público. Si a todo ello se añade que el fondo de reserva de la Seguridad Social ha perdido la mitad de su valor, es materialmente imposible presupuestar los ingresos a la baja, ni en impuestos ni en cotizaciones sociales. Al menos a corto plazo. Otra cosa es que a medio plazo aumente la actividad económica y los ingresos del Estado sean otros.

La conclusión de todo ello es evidente: de momento, impuestos más altos y salarios más bajos, con mucho paro. A medio y largo plazo, todo dependerá de lo que pase con las exportaciones, la deuda pública y privada y, en general, con la reactivación económica, ya que a fin de cuentas el problema de España es la falta de modelo, tras la caída de la cponstrucción y la burbuja inmobiliaria. El país debe mucho —demasiado— y produce poco, de modo que las rebajas de salarios y subidas de impuestos merman la renta disponible de las familias.

Las grandes líneas de actuación del Gobierno de Rajoy contra la crisis comprendieron la llamada consolidación fiscal —léase ajuste presupuestario—, facilitar el crédito mediante la costosa recapitalización bancaria, elevar la competitividad de la mano de la reforma laboral, luchar contra el desempleo con más crecimiento económico, y modernizar las Administraciones públicas, lo que incluye una reforma de municipios y diputaciones –todavía pendiente– y diversas armonizaciones autonómicas, entre otras medidas. Traducido a un lenguaje más de la calle: impuestos más altos y salarios más bajos con mucho desempleo, al menos durante un tiempo. Nada que no supiéramos desde el comienzo de la crisis.

¿Quiere decir eso que un Gobierno alternativo al de Rajoy tendría que hacer lo mismo? Si no sube los impuestos y/o no logra aumentar el PIB, sí. Pero Bruselas no se opone a subidas de impuestos, sino que se limita a controlar los niveles del déficit. La clave está, pues, en producir más y mejor, de manera que los ingresos presupuestarios aumenten y los gastos improductivos se reduzcan. España admite una gestión mejor, lo cual no debe confundirse con soluciones mágicas ni populistas.

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