La prensa del día analiza la crisis catalana

EL PAÍS:

CATALUÑA: NUEVA FASE

El rechazo de la CUP a los presupuestos «abre una nueva y sugestiva fase de la política catalana. Una fase que, si recorre los raíles de la prudencia, el respeto a la mayoría social y la querencia por la legalidad, debería reforzar el autogobierno más responsable. A la par que corregir los errores de bulto de la última etapa, rectificar la estrategia secesionista y recuperar la influencia de los catalanes en el escenario español». «El principal corolario político de la devolución presupuestaria es la completa evaporación de la mayoría parlamentaria independentista». «Se trata de un hito de extrema severidad para el procés soberanista y su continuidad: lo socava en un revés que puede ser definitivo. Para el procés, no para el hecho vivo del malestar en Cataluña y de su correlativa necesidad de encauzarlo políticamente». Puigdemont ha demostrado «más reflejos» que Mas al comprender que la presunta mayoría electoral era «una carcasa sin contenido posible». En este sentido, «cuando el president de la Generalitat anuncia que en septiembre planteará una cuestión de confianza sobre su continuidad, recurre al uso democrático más pertinente». «Puigdemont esboza esa iniciativa como un dilema entre la reedición de una hoja de ruta hacia la secesión, quizá con otros ritmos y condiciones; o la convocatoria electoral». «Sería bueno que enriqueciese el dilema» con una tercera opción: «una nueva estrategia de inequívoca profundización del autogobierno sin romper el marco común».

EL MUNDO:

LOS ANTISISTEMA CERTIFICAN EL VIAJE A NINGUNA PARTE DE CONVERGÈNCIA

El veto de la CUP a los presupuestos de la Generalitat «hunde en la inestabilidad al Govern de Junts pel Sí», pero, al mismo tiempo, «certifica el notable debilitamiento de Convergència, presa de su alocada apuesta por el independentismo». La postura adoptada por la CUP «ha generado una honda frustración en el movimiento independentista. Pero su actitud pueril no puede sorprender a nadie». «La CUP no esconde sus ideas antisistema». «Mas subió Convergència a la ola soberanista, patrimonializada por ERC y el piélago de organizaciones sociales que operan en este ámbito. Pero es esta misma ola la que, primero, se cobró su cabeza política, y ahora deja una complicada situación a su sucesor». «Convergència es responsable de atizar el ansia secesionista en Cataluña, pero también de una desastrosa gestión al frente de la Generalitat que, literalmente, ha arruinado las finanzas catalanas». «La factura de este desgobierno ya la están pagando los ciudadanos de Cataluña. Pero también tendrá un impacto en la redefinición del mapa político catalán». Convergència, «una formación que fue clave en la Transición y en la gobernabilidad de España, y que dominó la política catalana hasta el punto de confundir sus intereses orgánicos con los de Cataluña», tendrá ahora que «acometer una profunda refundación, lo que pasa indefectiblemente por renunciar al delirio soberanista».

ABC:

CATALUÑA PAGA LOS ERRORES DE CDC

«El principal error de los dirigentes de Cataluña no radica sólo en haber impulsado el secesionismo y el incumplimiento flagrante de la ley para tratar de romper España. Es igual de alarmante la degradación a la que están sometiendo a la política como instrumento de entendimiento y servicio público». Convergència «nunca debió aliarse con ERC», pero «menos aún someterse a la CUP». «La culpa de que Cataluña no apruebe sus presupuestos no es de la CUP, sino de unos dirigentes cuya irresponsabilidad en busca de una quimera independentista les hizo arrodillarse ante un chantaje». «Si Cataluña queda abocada a celebrar unas nuevas elecciones, será el síntoma de una enfermedad crónica causada por el desgobierno y la manipulación de una sociedad indefensa ante los abusos que comete el independentismo desde sus escaños para fomentar el odio a España». «Sólo una reconducción de la deriva mediante una profunda rectificación de Convergència y un impulso del constitucionalismo sería una solución realista». «Que una de las autonomías más prósperas de España construya artificialmente sus mayorías sobre la base de un populismo extremista, el secesionismo más irracional y un colectivo asambleario de corte proetarra ha puesto en peligro la recuperación anímica, institucional y económica de Cataluña».

LA VANGUARDIA:

CON O SIN LA CUP

El veto a los presupuestos «deja en posición poco airosa al Govern, pone en peligro el desarrollo de una legislatura que ya se concibió breve y de paso, torpedea el proceso en su línea de flotación». El fracaso del Govern a la hora de aprobar los presupuestos «no induce a pensar que será capaz de afrontar con éxito empresas de mayor calado. Y menos cuando entre ellas destaca, ni más ni menos, la desconexión de España y la creación de estructuras estatales propias». «La CUP tiene todo el derecho a ser una formación anticapitalista y revolucionaria», los que quizás no tienen derecho ponerse en sus manos «son partidos como CDC o ERC». «Las fuerzas políticas catalanas más votadas harían bien en tomar nota de estos últimos episodios y decidir si quieren seguir al dictado de la CUP». «En todo caso, la percepción creciente entre los ciudadanos es que el proceso nunca contó con apoyos suficientes, se ha planteado con excesiva prisa y ahora ha entrado en fase crítica que no admite más errores y que podría abocar, cuando lleguen los comicios, a unos resultados muy adversos para las fuerzas políticas que fueron centrales».

EL PERIÓDICO:

SIN PRESUPUESTOS Y SIN PROYECTO

«Puigdemont anunció que se someterá a una cuestión de confianza en septiembre. La salida es lógica y debería ser inmediata, pero, como por imposibilidad legal no se pueden convocar nuevas elecciones hasta el 3 de agosto, parece razonable que la moción de confianza se debata en septiembre». Ahora bien, «si Junts pel Sí (JxSí) y el Govern pretenden otra aproximación a la CUP para ver si convencen a los antisistema de que apoyen la cuestión de confianza, y se eviten así otras elecciones, se caerá en un nuevo error». Se ha demostrado que el error de JxSí y del Govern «fue una declaración que incluía la desobediencia al Estado que ahora la CUP reivindica y que los diputados de la mayoría sabían imposible de cumplir».

LA RAZÓN:

CATALUÑA SE INSTALA EN EL DESGOBIERNO

«Lo realmente inmoral del ‘proceso’ es que un gobierno con base de centro derecha (…) se alíe con un partido de extrema izquierda. Después de seis meses, lo único que puede decir el presidente accidental de la Generalitat, Carles Puigdemont, es que se va a someter a una moción de confianza ante el rechazo de la CUP a aprobar las cuentas públicas». «Cataluña deberá seguir sin gobierno, algo de lo que no es responsable la CUP, sino el conjunto de los dirigentes del independentismo que han asaltado las instituciones para apropiárselas y ponerlas al servicio de su proyecto, en contra de la mayoría de los catalanes».

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