No sonría, por favor

Tengo ante mí el logotipo y el eslogan de Unidos Podemos para esta campaña. «La sonrisa de un país» reza la frase para llamar al voto. Un corazón enmarca el título de la unidad electoral entre IU, las huestes de Pablo Iglesias y una sucesión de «confluencias» que, no sé si bien contadas, me dan diecisiete formaciones políticas distintas. La primera observación que viene a mi mente es la diversidad de sonrisas, ideales e intereses que van a tener que barajar, caso de acceder al Gobierno, para mover con tino ese corazón simbólico.

El fenómeno Podemos alcanza con esta propuesta gráfica la perfecta escenificación de su fraude ideológico. Quienes desde el principio hemos señalado a la corriente de Iglesias como simples activistas políticos desideologizados vamos camino de confirmar nuestras afirmaciones. He escrito que Podemos no es un partido de izquierdas y ahora lo mantengo con más rotundidad frente a esta nueva venta de su producto.

Hagamos recuento. Podemos dice nacer de la indignación del movimiento 15-M y la toma de las plazas en 2011. Echadas las nasas con ese respaldo consiguieron un excelente resultado para situase en el Parlamento europeo con votos recogidos en los caladeros descontentos de la derecha y de la izquierda. Por tanto, su sustento ideológico no era otro que la indignación. Para seguir pescando desde esa ambigüedad, en las municipales y autonómicas tiraron del pensamiento decimonónico de ir contra las «castas» y quisieron dibujar un futuro sin derechas ni izquierdas cambiando la geometría política a «los de arriba y los de abajo». Sin embargo, la irrupción de Ciudadanos les obligó a mirar hacia la izquierda más allá del PSOE pero en el límite con IU, un espacio electoral difícil e inseguro. Castas y mansiones de señores con servidores cayeron en el olvido.

Así las cosas, pasaron de ser demoscópicamente primera fuerza a tercera real en las urnas. El denostado bipartidismo se dividió en cuatro fuerzas pero no en cuatro ideologías como se ha demostrado en la corta legislatura vivida. La balanza sigue moviendo el fiel gravitatorio de izquierda a derecha con el concurso de un centro sin conceptos ideológicos claros. La tradición continúa vigente a su pesar.

Ahora en estas nuevas elecciones forzadas por ellos, nuevamente atrincherados en la demoscopia, tienen la certeza de lograr ser segunda fuerza en votos pero tercera en escaños. Para vender su situación han pasado a denominarse socialdemócratas -ya son casta y han subido al piso de arriba- y además han decidido sumarse a la corriente renovadora del papa Francisco -la poltrona del Gobierno bien vale una misa-.

Para colmo, en ese mar de contradicciones oportunistas, han conseguido embaucar a IU, pero tratando en todo momento de no ser tildados de comunistas -por un puñado de votos Iglesias está dispuesto a reencarnar al Joe de Clint Eas­twood para eliminar a las enfrentadas familias de Rojo y Baxter-. Una película en la que Garzón ha pasado a personaje secundario, Anguita pretende emular a Sergio Leone y a Ennio Morricone no se le espera para poner música a este sucedáneo. Si vota con el corazón no sonría, por favor.

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