Mucho déficit y poco crecimiento sólido

Es evidente que el crecimiento de la economía española y su productividad son insuficientes para mantener el equilibrio de las cuentas públicas. El agujero se repite año tras año, a pesar de severos ajustes. Sobran gastos improductivos, son insuficientes los gastos realmente productivos y faltan ingresos. Por eso mismo hay tanto déficit público, año tras año, y de manera especial en el último ejercicio de la legislatura de Mariano Rajoy, que fue electoral, al igual que en muchas autonomías.

El déficit público es una pesada carga para el futuro Gobierno de España, que a buen seguro tendrá que afrontar un ajuste adicional de unos 25.000 millones de euros, una tarea poco menos que imposible en las dimensiones presupuestarias de España, que no son precisamente las de Alemania o Francia. Por muchas reformas estructurales que se hagan y por muchos ajustes que se afronten, un problema de estas dimensiones requiere años para solucionarlo. Salvo un milagro o que la Unión Europea se transforme en los Estados Unidos de Europa y decida emitir eurobonos para todos, lo cual no parece probable a corto plazo.España, lejos de ser el campeón de la ortodoxia presupuestaria, agrava así su pérdida de credibilidad en Europa y el Gobierno de Mariano Rajoy se muestra incapaz de aprovechar una etapa de crecimiento, con viento de cola (petróleo barato, tipos bajos, etcétera). Además, como observó la profesora de la USC María Cadaval, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, tiene una triple responsabilidad: no hizo a tiempo la reforma de la financiación autonómica, no controló las cuentas de las comunidades autónomas y no aplicó los mecanismos de control previstos por la ley de estabilidad presupuestaria en las autonomías más incumplidoras.

No menos inquietante resulta el déficit de la Seguridad Social en 2015, calificado de peligroso por destacados economistas, que temen que la historia se repita en 2016. La revisión del Pacto de Toledo es cada día que pasa más urgente, pero la falta de Gobierno dificulta la adopción de medidas en materia de pensiones.

¿Hay salida? Siempre la hay, si se quiere que la haya. Como observa el economista Marcelino Fernández Mallo, la mayor parte del incumplimiento descansa en las electoralistas reducciones fiscales de un Gobierno empeñado en aplicar el dogma neoliberal. Algunos analistas lo advertimos en su día, ya que la reforma fiscal que la economía española necesita va justamente en la dirección contraria a la aplicada.

A la vista de sus cuentas, España precisa perseguir más que nunca el fraude fiscal, pero a la espera de que una medida así dé resultados será indispensable adoptar otras políticas como eliminar deducciones, aplicar un tipo de gravamen mínimo a las grandes empresas, aumentar la progresividad fiscal -léase subir los impuestos a las rentas más altas-, equiparar la tributación de capital y trabajo y recuperar la carga tributaria en patrimonio o sucesiones. Pueden ser esas medidas u otras pero lo que debe hacer España es aumentar alrededor de 8 puntos sobre el PIB su capacidad de recaudación.

Si se quiere poner el foco sobre algo concreto habría que hacerlo sobre el impuesto de sociedades, ya que es el que registra una mayor desviación a la baja con respecto a todas las partidas de ingresos de los años en los que España tenía superávit presupuestario o un nivel de déficit bajo control. Y para eso, obviamente, sólo cabe pensar en crecer.

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