Cruyff: teoría y práctica

Cerrada como quedó el martes la semana de luto, habrá que concluir que la movida de euforia barcelonista preparada para el partido del sábado frente al Real Madrid tiene más de de presión ambiental contra su eterno rival que de sincero homenaje al mítico Johan Cruyff desaparecido, tal como oficialmente se presenta.

Y es que cualquier exaltación que en ese sentido pueda promover la directiva azulgrana es sospechosa de torcida intencionalidad. Porque, aunque al final haya habido reconciliación, los únicos desprecios que el jugador holandés hubo de soportar salieron precisamente de la propia entidad barcelonista: José Luis Núñez le echó como entrenador y otros varios de los altos directivos que el sábado estarán en el palco del Camp Nou llegaron hasta a retirarle la presidencia honorífica del club.

A Cruyff, en efecto, le sucedió lo que a otras figuras: que casi nunca se llevaron bien con la directiva de turno. O viceversa. De hecho, de los diez grandes intercambios de jugadores habidos -antes de Franco, con Franco y después de Franco- entre Barça y Real Madrid, siete salieron del primero para recalar en el segundo y sólo tres hicieron el viaje el sentido contrario.

Ahora todos le lloran y hasta lo utilizan políticamente, como ha hecho el presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont. No obstante, los aficionados siempre recordarán a Cruyff como el hombre que en su momento revolucionó el fútbol y que convirtió al Barça en un club triunfador, primero como jugador y luego como entrenador del dream team. El hombre que transformó la cultura del Barça. Así al menos pasará a la historia. Un Cruyff que, en efecto es de todos, tal como ha señalado su hijo Jordi.

Con la retórica habitual de momentos como el presente, se ha dicho también que fue “el creador del Barça universal”. No sé, sin embargo, si tal título no le correspondería en mejor medida a su discípulo Pep Guardiola, de cuya mano y de cuyos enormes jugadores el club ha ido batiendo todos los records posibles y ofreciendo espectáculo. Porque, a la vista de resultados, tal vez cabría decir que el holandés se quedó escaso en sus aportaciones al palmarés del equipo.

En realidad, en sus cinco temporadas como jugador azulgrana (1973-78) sólo ganó una Liga, la de su primer año en Barcelona, superado como fue luego por Real Madrid y Atlético de Madrid en los cuatro campeonatos siguientes. Nunca estuvo, por otra parte, entre los grandes realizadores del torneo.

Y como entrenador que fue durante ocho temporadas (1988-96), llevó a las vitrinas del Camp Nou una sola Champions o Liga de Campeones (1992) y cuatro Ligas españolas seguidas, aunque bien es cierto que con dos de ellas, “se encontró”: una, la que le regaló el Dépor (1993-94) y otra, la que el ínclito árbitro coruñés García de Loza remitió desde Tenerife (1991-92) a costa del Real Madrid.

Tal vez más filosofía e imagen que resultados. Pero pese a lo que se quiera, bien es cierto que en el Barça hubo -para bien- un antes y un después de Cruyff.

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