Indian Wells

Es sabido que la desigualdad y la discriminación entre mujeres y hombres campa a sus anchas en el mundo del deporte, pero lo acontecido en la final del Abierto de Indian Wells con las declaraciones sexistas del presidente ejecutivo del torneo, Raymond Moore, y del número uno del tenis mundial, Novak Djokovic, supera lo admisible.

En mi próxima vida, cuando regrese, quiero ser parte de la WTA (Women’s Tennis Association) porque se aprovechan del éxito de los hombres”. Debió parecerle que no quedaba clara su postura porque recurrió a una imagen muy socorrida del machismo más recalcitrante, la de que la mujer debe situarse siempre a los pies del varón: “Si fuera una tenista, me arrodillaría cada noche y daría gracias a Dios por el nacimiento de Roger Federer y Rafael Nadal porque ellos son los que han llevado el peso de este deporte”.

Pero la cosa no quedó ahí. Nada más ganar el torneo, Djokovic intentó arreglar el entuerto del presidente hablando de su admiración y respeto por las mujeres, pero acto seguido -como si le traicionara el subconsciente- afirmó que los hombres debían ganar más que las tenistas: “las estadísticas muestran que tenemos muchos más espectadores en los partidos de hombres. Esa es una de las razones por las que deberíamos ganar más”.

El serbio no se quedó ahí y cerró su discurso con otra frase para el recuerdo: “Sé por lo que pasan, con sus cuerpos que son tan diferentes a los de los hombres. Ya sabes, las hormonas y esas cosas, no necesitamos entrar en detalles. Las mujeres saben de lo que hablo. Tengo gran admiración y respeto por ellas al luchar a tan alto nivel”, como si con eso arreglase las cosas.

Las reacciones de las tenistas no se hicieron esperar. Las principales jugadoras de la WTA condenaron de forma contundente las declaraciones de Moore. Serena Williams, la primera en reaccionar, dijo “obviamente no creo que ninguna mujer deba arrodillarse y agradecer a nadie”.

Tal vez sea preciso recordarles a ambos, Moore y Djokovic, un poco de historia. Las mujeres llegaron -cómo no- más tarde al tenis y cuando lo hicieron las condiciones no eran las mismas que las de los varones. Ellas jugaban con vestidos hasta el suelo como mandaba la moda de la época y con corsés, a pesar de que todos sabían que dicho artilugio provocaba sobrecalentamiento, deshidratación y costillas rotas. De manera que cuando una jugadora se desmayaba por competir en esas condiciones se reforzaba de manera contundente el silogismo de que la mujer es el sexo débil y por tanto no puede competir al mismo nivel que el hombre. De ahí en adelante las mujeres han luchado de manera incansable por ganarse su puesto. Nadie regaló nada.

Pero llegados a este punto me pregunto si es necesario responder con argumentos razonados a las declaraciones del presidente del Indian Wells. También me pregunto si valen sus disculpas por las afirmaciones hechas, ya que queda claro que le han salido del alma.

Más graves me parecen las de Djokovic. En primer lugar porque es un modelo a seguir para muchos deportistas y, en segundo, por su enorme proyección mediática.

Imagino con tristeza que a muchos jugadores les parecerá absolutamente normal que ellos ganen más que las tenistas femeninas. Como les parecerá normal que las futbolistas no tengan derecho a jugar en césped natural en los campeonatos internacionales. ¿Por qué nos vamos a extrañar si la Asociación Femenina de Tenis, el ATP femenino, está fundado y presidido por hombres? ¿por qué nos vamos a extrañar si son ellos quienes establecen las reglas del juego?

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