China y los medios de comunicación

El régimen chino es un sistema político comunista con una calculada asunción de elementos del capitalismo que controla férreamente el único partido existente. Es decir, hay capitalismo, pero de Estado. Solo prosperan aquellos empresarios bien vistos por el régimen al que deben entregar las contraprestaciones establecidas. No hay libertades civiles ni políticas y con el paso del tiempo, a pesar de la complacencia occidental, no parece que el sistema se abra a la democracia, al menos como la entendemos por estos lares.

Más bien, lo que se observa es una peculiar alianza entre el capitalismo de Estado y el control de los medios de comunicación. Es decir, los medios están dirigidos, sometidos al dictado del partido comunista y sus dirigentes. Es tal el calibre de la presión que se ejerce desde el poder a los medios de comunicación que recientemente el semanario económico Caixin ha revelado que la todopoderosa agencia china del ciberespacio bloqueó, por contenido ilegal, una entrevista a un asesor económico del gobierno que se limitó a señalar que los asesores gubernamentales deben tener libertad para sugerir al ejecutivo las ideas y comentarios que tengan por conveniente.

La libertad de prensa en China es una quimera. Los medios reciben continuamente instrucciones del poder que les “invita” a reproducir los cables de la agencia oficial Xinhua. Quienes publican artículos críticos saben a lo que se exponen. China es, según el Comité para la Protección de los periodistas, el país que tiene a más periodistas encarcelados y el cuarenta y cuatro que más censura informaciones y noticias.

Por si fuera poco, en estos días se ha promulgado una nueva ley que atará más en corto a periodistas y medios de comunicación extranjeros. Según parece, porque los dirigentes políticos del gigante asiático piensan que en los últimos diez años han perdido el control sobre la prensa y porque van calando poco a poco, con cuenta gotas, los valores occidentales de libertad, democracia y derechos humanos.

Es decir, el régimen castiga la libertad de expresión y somete a un férreo control a las empresas extranjeras, especialmente a las de prensa. No se tolera la libertad reprimiendo a quienes osen expresar ideas críticas desde dentro. Además, se impide que desde el exterior se pueda “contaminar” la “pureza” de un régimen que, sin embargo, para sonrojo de tantos, recibe en el mundo occidental bendiciones y loas sin cesar. Todo por un puñado de euros que resuelvan la deuda de algunos Estados. Qué lástima.

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