La Guardia Civil al rescate

Circla por ahí una leyenda urbana según la cual poco después de que los socialistas llegaran al poder en 1982, el Felipe González y Alfonso Guerra “descubrieron a la Guardia Civil”.

No sé decir cuánto hay de real y cuanto de invención en esta historia. Pero quienes seguro “descubrieron” el buen hacer de la Benemérita fueron los integrantes de un numeroso grupo de navarros que quedaron atrapados por el temporal en Beruete después pasar el día en una sidrería de esta localidad.

Bloqueado por la nieve, el grupo contactó con el servicio de emergencias del Gobierno de Navarra, que estaba desbordado y “tenía otras prioridades”, y después con la Policía Foral que les advirtió que el rescate será más rápido “si piden ayuda a la Guardia Civil”. Así lo hicieron y la Benemérita envió dos patrullas que organizaron el rescate de los excursionistas devolviéndolos a Pamplona en dos autocares fletados al efecto.

Hasta aquí todo normal. La misión primordial de la Guardia Civil es proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana. Y en eso anda, realizando innumerables servicios con gran profesionalidad, entre ellos la prestación de auxilio y socorro a las personas que es lo que hicieron en Navarra. Entonces, ¿dónde está la noticia? Lo verdaderamente noticiable es que estos excursionistas rescatados eran expresos de ETA y sus familiares que tienen un largo historial de acoso a la Guardia Civil, pidiendo reiteradamente su expulsión de Euskadi y Navarra y no condenando –a veces aplaudiendo–  los atentados que causaron decenas de muertos en el Benemérito Cuerpo.

Ahora, estos exterroristas y sus familiares, ante la ineficiencia del Gobierno Navarro, fueron rescatados por sus miembros que los sacaron de allí y devolvieron a sus casas. “Esta noticia me ha alegrado la tarde”, comentaba un lector en un medio de comunicación, porque es admirable la “humanitaria profesionalidad” de los agentes del Instituto Armado que rescatan a quienes fueron sus verdugos o defensores de estos. Ponen humanidad y cordura frente a la incitación al odio que ahora hasta se fomenta desde tribunas públicas.

¡Las vueltas que da la vida!, los que hostigaban y asesinaban a los miembros de la Benemérita, pidiendo ahora su ayuda. Relata el parte oficial del rescate que uno de los presentes alzó la voz para decir “claro que sí, ¡Viva la Guardia Civil!”. Y los otros, ¿les habrán dado las gracias?

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