La gran parafernalia

​Fácil es de imaginar el nivel de incandescencia que en estos momentos registrarían buena parte del sistema mediático y las redes sociales si, en vez del Partido Socialista y Pedro Sánchez, hubiesen sido Mariano Rajoy y el Partido Popular quienes hubieran montado la parafernalia que rodea a un pacto de tan escaso recorrido como el suscrito por los primeros con Ciudadanos.

Bloqueo del proceso postelectoral, pérdida deliberada de tiempo, utilización partidista de las instituciones, brindis al sol, tomadura de pelo a la opinión pública. Tales hubiesen sido, sin duda, los airados mensajes de unos y otros. Si ya armaron la que armaron cuando Rajoy, en una decisión plena de realismo, declinó por evidente falta de apoyos la propuesta del jefe del Estado y pudo retrasar el procedimiento una semana, no resulta complicado –repito- concebir el grado de enojo que hoy inundaría blogs, foros, twits, tertulias y editoriales periodísticos ante quiméricos manejos del Partido Popular en busca de acuerdos imposibles.

Lo que muchos al final se preguntan es qué gana Ciudadanos con haberse metido en este atolladero. Bien se sabe que en un pacto de tal naturaleza el socio menor suele llevar las de perder. Bien se lo puede preguntar Rivera a gentes próximas como los liberales británicos y alemanes. Y sin salir lejos, aquí mismo tenemos la experiencia de cómo administrar el centro –si es que en política existe- se cuenta por fracasos.

​Hay quien con cierto fundamento piensa que a Rivera le puede suceder lo que a Rosa Díez con UPyD: que más pronto que tarde termine desapareciendo. O lo que a Suàrez con UCD: que se le quiere, pero no se le vota. Su salto ha sido más audaz que el dado por Sánchez. Y más temerario.

Aunque no se hayan cerrado las puertas definitivamente, Ciudadanos ha roto de momento toda empatía con el Partido Popular. Porque de cara a unas eventuales nuevas elecciones le será harto complicado, en tan corto espacio de tiempo, desengancharse del Partido Socialista y del acuerdo firmado.

Y lo que es peor: se ha desprendido de un eventual flujo de votantes populares. Creo que muchos de éstos no están entendiendo las políticas oscilantes y vacilantes de Rivera y temerán con razón que sus votos acaben por llevar al poder a la izquierda de la que huyen.

Por otra parte, Ciudadanos empezará a sentir pronto en sus carnes lo que significa pactar con el Partido Socialista, maestro en deslealtades. Ya recién firmado el acuerdo, han surgido las discrepancias porque Sánchez está forzando el curso del canal, llevando las aguas a su molino y haciendo decir al documento lo que en realidad no dice. Sobre la reforma laboral, por ejemplo.

Finalmente, si el principal activo de Rivera es la defensa de la unidad de España y de la igualdad de los españoles, mal socio se ha echado al respecto. El acuerdo de blindar el país contra un referéndum de autodeterminación se queda corto, porque el Partido Socialista es maestro también fórmulas encubiertas que conducen a muy otros resultados. Tal vez por eso están tan contentos el socialista catalán Iceta y los independentismos varios que pueblan la geografía política.

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