Reforma exprés

Como los anuncios programáticos de Ciudadanos suelen requerir casi siempre precisiones aclaratorias posteriores, no se sabe muy bien si el adjetivo “exprés” con que Albert Rivera ha tildado su propuesta de reforma constitucional se refiere al procedimiento abreviado que establece el artículo 167 de la Constitución, o si alude –como parece- a la urgencia que el partido naranja pretendería imprimir a la tramitación parlamentaria de la misma.

Sea como fuere, lo que si está claro es que lo realmente exprés ha sido la contestación dada por el Partido Socialista a lo que en realidad ha sido un ultimátum con hora tope por parte de Albert Rivera. Lo cual quiere decir que, por muchas “mimbres” que para el acuerdo existieran, “el cesto” estaba aún muy por hacer y que las conversaciones no avanzaban.
Sin embargo, en poco más de cinco horas, el propio Sánchez ha asumido reivindicaciones de tanto calado como la supresión de las Diputaciones provinciales y la despolitización de la Justicia. O tan discutibles como la limitación a dos de los mandatos presidenciales. Y todo ello, en un pis-pas. Y sin que cuenten con la mayoría parlamentaria necesarias para llevarlo a la práctica.

El episodio viene a sumarse a toda la serie de despropósitos que se están produciendo desde que el secretario general socialista aceptó la oferta del jefe del Estado para que intentase formar gobierno: profusión de imágenes y escasa transparencia de contenidos; negociaciones a dos bandas contradictorias entre sí (Podemos/Ciudadanos); presencia de partidos independentistas como el PNV y ausencia de otros precisamente por serlo; protagonismos como el de Alberto Garzón y su Izquierda Unida, undécima fuerza en las elecciones de diciembre, con una cosecha de un millón escaso de votos y sólo dos diputados detrás, y marginación, por el contrario, del partido ganador.

Aún no se conoce la letra pequeña del acuerdo PSOE-Ciudadanos en lo que a la reforma del sistema electoral se refiere. Supongo que no habrán incluido esa segunda vuelta entre los ganadores que evitaría espectáculos y demoras como los que estamos viviendo. Si así fuera, partidos bisagra, como Ciudadanos, no tendrían mayor sentido. Por eso creo que no lo harán. Sin embargo, al final, decidirían los ciudadanos, que parece lo más justo y democrático.
Hace muy pocos días, Matteo Renzi felicitaba a Pedro Sánchez y le deseaba suerte en el empeño que se trae entre manos. Normal. Se trata de dos correligionarios de la socialdemocracia europea. Pero el primer ministro italiano le daba un consejo al que nuestro hombre bien podría prestar atención.

“Lo que está sucediendo en España –le ha dicho-, en Italia no volverá a ocurrir con la reforma electoral en marcha”. Y es que con un premio de mayoría a la coalición o partido que haya alcanzado el 40 por ciento de los votos, se evitarán situaciones complejas de paridad. En otro caso, segunda vuelta. Lo que se pretende es lo que tantas veces ha afirmado el propio Renzi: lograr la individuación del nuevo Gobierno “la noche misma de las elecciones”. Sería magnífico.

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