Descréditos en los informes económicos

Cómo es posible que exista tal desconcierto en los mercados teniendo información suficiente y organismos internacionales cuyos informes deberían ser referentes indiscutibles para elaborar los planes más eficientes de explotación de los recursos en el mundo? Estamos llegando a una situación en la que los informes de los organismos internacionales, con tantas modificaciones y equivocaciones, dejan mucho que desear para que los empresarios y los inversores puedan elaborar sus respectivas decisiones estratégicas. Incluso para los medios de comunicación que recogen esos informes puede estar generándose un grave problema de credibilidad.

El descrédito de los sucesivos informes de los organismos internacionales hace dudar siempre de sus conclusiones respecto de las distintas políticas económicas de los gobiernos. Un botón de muestra: hace cuestión de seis meses todavía estábamos hablando de crecimientos y en algunos casos, como en España, se decía que había avances suficientes para generar empleo; a día de hoy ya se está hablando de que no es tanto una desaceleración económica momentánea como una posible recesión.

Lógicamente, situaciones tan dispares en tan poco tiempo deberían ser resueltas con informes concluyentes de los organismos internacionales que orientasen, de verdad, las economías mundiales. A una mayor globalización económica debería corresponder una mejor globalización informativa, con datos más fiables de todos los países y una adecuada coordinación.

Otro ejemplo clarificador lo tenemos con la evolución del petróleo en estos últimos 12 meses. No hace mucho, allá por el mes de mayo de 2015, uno de los problemas a los que estábamos asistiendo se refería a cómo guardar los stocks de petróleo que se estaban produciendo. Un artículo en el periódico americano The Wall Street Journal hacía mención precisamente al almacenamiento de tantos barriles y alertaba de que sólo EE UU almacenaba 1 millón de barriles al día, cifra que se presentaba como muy elevada, hasta el punto de que podría hacer inviable almacenar tantos stocks de petróleo. Lógicamente esta situación llegaba a la simple predicción de que los precios del barril bajarían notablemente y se mencionaba la línea de los 30 dólares, que luego se vio incluso superada. Todo ello arrastró también a otras materias primas, desencadenando la llamada crisis de los emergentes. Lógica, ya que hay países cuyos ingresos petroleros suponen más del 50% de sus presupuestos. Pues bien, un año después ya se habla de cambio de tendencia de los precios del petróleo, en paralelo con la recuperación de otras materias primas.

Ahora se manejan cifras como consecuencia del rebote bursátil que se producirá después del acuerdo de Arabia Saudí con Rusia, a expensas de lo que hagan EE UU e Irán. El precio del petróleo podría irse a los 40 euros, pero nadie sabe si hablamos de un dato coyuntural o de algo sustancial.

La conclusión lógica debería conducir a un nuevo paradigma económico que obligue a acordar políticas económicas mundiales, sobre todo en las materias primas. Parece la única forma de evitar semejantes desconciertos en períodos tan cortos. Si la economía es global, la política económica tiene que ser también global. Tal vez este mas más cerca de lo que parece de un nuevo Plan Marshall, capaz de arreglar las tensiones financieras pero, sobre todo, las corrientes migratorias.

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