¿En qué hemos fallado?

Zygmunt Bauman sostiene que las redes sociales son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero mucha gente las usa, no para ampliar horizontes, sino como entretenimiento barato para encerrase en sus zonas de confort, en lo que llama “un activismo de sofá”.

Líbreme Dios de contradecir a tan eminente sociólogo, premio Príncipe de Asturias, pero de vez en cuando, en medio de las banalidades, aparecen en la red pensamientos deliciosamente irónicos y tan coherentes que invitan a la reflexión.
La semana pasada, con el país convertido en gran “audiencia nacional”, un internauta, asombrado por tantas mordidas, enriquecimientos sin justificar, facturas falsas, gastos escandalosos, sobrecostes de infraestructuras públicas injustificables y otros latrocinios, escribió: “Y si devolvieran todo lo robado, ¿qué haríamos con tanto dinero?”.

Es una pregunta pertinente porque el tres por ciento de toda la obra pública licitada en Cataluña durante el gobierno del ex honorable Pujol, las mordidas de las demás adjudicaciones autonómicas y municipales habidas en el suelo patrio y otras variadas formas de saqueo de dinero público deben sumar muchos millones.

¿Qué haríamos con tanto dinero? No es descabellado pensar que con esa pasta gansa España no tendría déficit, la deuda pública no estaría disparada, las infraestructuras serían de mejor calidad, el Estado de bienestar y las pensiones no correrían peligro, habría menos recortes y, sobre todo, el país entero sería más decente.

No es fácil saber en qué hemos fallado como sociedad para que los partidos, muchos políticos, sindicalistas, empresarios y ciudadanos de a pie hayan llegado hasta aquí con tantas y tan diversas prácticas corruptas incrustadas en sus entrañas que alcanzaron en estos tiempos el nivel de saturación social con tantos casos en los juzgados y tantos corruptos en las cárceles.

Ahora todos se acuerdan de la “regeneración” que vuelve a ser la gran promesa recurrente, pero se incumple una legislatura tras otra. Porque los corruptos –de la política, de la empresa, del sindicato y de la sociedad civil– siguen robando, actúan como bandas organizadas y saquean el país al amparo de unas siglas cuyos dirigentes o miran para otro lado, o son complacientes cuando se trata de los suyos.

Vista esa desidia, que la justicia castigue el comportamiento impúdico de quienes se aprovechan de su posición política, empresarial y social. Es el rescate que pide y necesita el país.

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