Una endeble hoja de ruta

Al documento en cuestión se le pueden quitar sin problemas las ocho primeras páginas de introducción. No sólo por su pobreza argumental, sino por el repaso que fuera de lugar vuelve a dar al Partido Popular. Todo lo demás se presenta  excesivamente vago y limado como para eludir aristas  y sortear obstáculos en el cierre de una negociación ya más que avanzada. Hasta el socialista presidente del Congreso, Patxi López, se ha animado a adelantar una fecha para el inicio de la verdadera cuenta atrás.

Todo  apunta a que en primera instancia se va a buscar más la pura suma de apoyos para la investidura  que la concurrencia de programas de cara a la formación de un Gobierno estable debidamente meditado.  El desarrollo de la letra grande quedará, si es que llega, para más adelante y sobre la marcha.

Ya se sabe que el papel lo aguanta todo. Pero  si algo ha llamado de forma especial la atención es cómo tan endeble hoja de ruta pasa más que de puntillas por una de las cuestiones clave de nuestra convivencia política, cual es la organización territorial del Estado: una sola y única referencia –y en el prólogo- a la necesidad de “resolver los problemas que las comunidades autónomas, y especialmente Cataluña, pueden sentir en cuanto a su participación en el proyecto común y en el reconocimiento efectivo de las singularidades que las caracterizan”.

En la que podríamos llamar parte propositiva, el documento se cierra con una inconcreta propuesta de reforma del Título VIII y de desarrollo del Estado federal. Trece palabras. Ni una más.  La sombra de Podemos, PNV, Compromís y demás socios activos o cómplices independentistas en la recámara aparece como más que alargada.

Desde el ámbito de la economía, Sánchez ofrece alegres promesas de más y más gasto a costa del déficit. Y por supuesto, nada se dice del frenazo económico mundial y del blindaje del que habría que dotarse ante este nuevo gripazo que se avecina. Eso ni se menciona.

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