El último desencuentro

Ya se habían saludado en privado. Por eso no se sabe bien si el no haber repetido el gesto ante las cámaras de televisión por parte de Mariano Rajoy ante el amago de ofrecimiento que le hacía Pedro Sánchez fue una descortesía o un gesto consciente de alcance y significado político.

El candidato socialista, que en su comparecencia ante los medios ofició de moderado, no quiso darle mayor importancia. Pero, en todo caso, bien podría significar lo harto y decepcionado que un hombre moderado y de buenas formas como el presidente del PP y del Gobierno en funciones debe de estar con el personaje en cuestión. La corta duración del encuentro denota, por otra parte, la ruptura existente entre ambos dirigentes.

Los desencuentros, como bien se sabe, vienen de atrás. Prácticamente, desde el mismo momento en que Sánchez se hizo con las riendas del PSOE. Tuvieron sus momentos álgidos en el debate del estado de la nación de hace ahora un año y, sobre todo, en el cara a cara televisivo de la última campaña, en el que el secretario general socialista superó, desaforado, todas las rayas rojas de lo que puede y debe ser una labor de oposición. Bien puede decirse que las ocasiones en que Sánchez se ha visto con Rajoy se cuentan por desplantes. En la entrevista que ambos mantuvieron tres días después de las elecciones, el primero no aceptó ni el café que éste le ofrecía.

La misma tónica ha seguido Sánchez en el proceso de formación de Gobierno que el candidato socialista tiene encargado. No sólo no envió al PP el documento para ese Gobierno contrarreformista y supuestamente progresista que se propone, sino que terminó citando a Rajoy en el cupo de los en teoría proscritos por independentistas.

Desde luego, si aspira a gobernar con Ciudadanos –que no lo parece- y para ello necesitan la abstención del PP, bien podrían dejar de humillarlo. La ofensa y la exclusión no son armas que precisamente seduzcan. Sólo la comprensión mediática de que goza el Partido Socialista hace que todo ello pase de alguna manera desapercibido.

Y es que la ofensa se está trasladando a cotas sin sentido. Ni si quiera para justificar las propuestas propias se entienden las formas y maneras en que el documento hecho llegar a los socios de negociación critica, en las páginas introductorias, al Partido Popular y sus políticas en la legislatura concluida.
Como igualmente no se entienden esas innecesarias salidas en escena –y de tono- del portavoz socialista en el Congreso, Antonio Hernando. Porque muchos se preguntan: si, como éste proclama, “ el tren de Rajoy ha pasado y su tiempo afortunadamente no volverá”, ¿a qué seguir metiéndole sin descanso ni piedad el dedo en el ojo? Desde luego, resulta enternecedor comprobar cómo, desde que propuso a Sánchez, el republicano Partido Socialista ensalza al rey Felipe VI.

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