Sobran exclusiones

Desde el intercambio de insultos que protagonizaron en debate electoral los entonces candidatos popular y socialista, las relaciones personales y políticas entre ellos son malas o inexistentes. Muchos creían que aquellos malos modos formaban parte del pasado, pero ni ellos ni sus segundones dejaron de intercambiarse golpes dialécticos, algunos de tan grueso calibre que sobrepasan la legítima discrepancia partidaria y rezuman odio hacia el adversario.
En este sentido, pareció poco elegante Pedro Sánchez con el presidente del Gobierno en funciones y su partido cuando se refirió a ambos de forma despectiva en la rueda de prensa de su presentación como candidato a la ­investidura.

Es verdad que en la ­legislatura anterior hubo de todo. El Gobierno popular tuvo aciertos, entre ellos haber rescatado al país de la emergencia ­económica; cometió errores, como el abuso del decreto ley, cargar el peso de la crisis sobre los más débiles y no haber cortado de raíz la corrupción –en el ­partido y en la sociedad–; y perdió la oportunidad de ­emprender y pactar las grandes reformas que ­necesita el país.

Pero eso no parece otorgar bula al candidato –y a otros políticos– para demonizar a los populares y a su presidente como si fueran apestados. Dice el diplomático y ensayista Juan Claudio de Ramón que “el PSOE ha sobreactuado en su oposición al PP que no es ese partido demoníaco empeñado en arrasar el Estado de bienestar que ha intentado retratar… El PP es la derecha democrática española. Sin más. Ni extrema derecha, ni derecha extrema. Y la corrupción no le aqueja más que a otros partidos”.
Gianfranco Pasquino, escritor y analista riguroso, sostiene que el enemigo de la izquierda es su complejo de superioridad, “puede ser superior, pero debe argumentar su superioridad”. En el caso del candidato a la investidura, presumir de “pureza de sangre política”, exhibir su superioridad moral y magnificar las diferencias con el PP y Rajoy parece una estrategia diseñada para allanar el camino en su ambición por llegar a la presidencia del Gobierno.

En fin, que estamos regresando a la España de buenos y malos, de exclusiones, odios e intolerancias. A la España que vuelve a considerar al que defiende otras ideas y políticas como un enemigo, cuando solo es portador de otro punto de vista. Avanzaremos poco mientras no nos percatemos de que en un país con tantos problemas sobran las exclusiones, es necesaria la colaboración de todos.

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