No es el Siglo de Oro

Hace más de cuarenta días Mariano Rajoy se fue a pasear por los Cerros de Úbeda. Quienes lo vieron pasar dicen que iba con paso gallardo y bracear decidido, como un tal Quijote convencido de haber ganado las elecciones el 20 de noviembre, con la obstinación de considerarse el único ungido por el pueblo para gobernar y con la certeza de que los suyos seguirán aclamándole mientras el cura y el barbero ponen las cosas en su sitio, como Dios manda.

Como digno caballero, dicen, Mariano dejó a sus espaldas a un cumplido escudero, representante de la nueva derecha, para que le pare los golpes y negocie con cuanto bachiller trate de cambiar el curso de la historia. De ahí que veamos a Sancho Rivera de correveidile de la Ceca a la Meca, con la voluntad del carbonero y la gramática parda como Estrella Polar de su ideología.

Pero el cuento en realidad es más quevedesco que cervantino, puesto que el bachiller don Pablo, abandonada la indignada indigencia, se ha subido a un coche de gran prepotencia tratando de ridiculizar los esfuerzos de la vida política y social de nuestro tiempo, como aquel otro personaje denominado por su autor bufón y con el mismo nombre del político pero en plural. Quevedo usó a don Pablos simplemente para su lucimiento literario. La imitación de ahora ya veremos a dónde llega.

Y en el centro de una trama tan del Siglo de Oro no podía faltar la pimienta de la picaresca y ahí vemos a Lázaro Sánchez tratando de encontrar el escondite de los quesos en el arcón del cura, procurando ignorar la raída y zurcida capa del hijosdalgo, cogiendo de dos en dos o de tres en tres las uvas del ciego, y soñando forjarse un destino honroso amasado con el pragmatismo de la socialdemocracia. En su suerte está pasar a la historia como pícaro o como héroe. De uno a otro en España solo media un suspiro.

El deseo de que las negociaciones de Pedro Sánchez den fruto no tiene muchas velas puestas a san Roque, patrón de los peregrinos. En las narraciones de PP, Podemos y C’s sospechan que tras unas nuevas elecciones pueden crecer. En el PSOE acarician la calavera del ser o no ser frente a esa cuestión. Mientras, la ciudadanía al 50 % se afirma o arrepiente del carajal organizado. Por tanto, lo lógico, caso de no formarse Gobierno, es que el resultado de una nueva consulta se parezca como dos gotas de agua al presente.

Los oráculos anuncian un Podemos en alza, un PP sin Rajoy, un PSOE flotante y un C’s envalentonado. Rivera se quedaría con la marca de la derecha, Iglesias tendería la mano a los populares para ser presidente o vice, Sánchez trataría de salvar los barcos y Mariano desde Úbeda se iría a Santa Pola. Total está cerca, hay poco más de 350 km. por autovía.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar