Salvador Martín indignado

Cuando Salvador Martín vino al mundo, el papa Pío XI andaba rezando para que no se repitiera otra Gran Guerra en Europa. Hoy sabemos que el cielo no le hizo caso porque por Alemania, sumida en una gran inflación, andaba un tal Hitler intentando un golpe de Estado y acabó gobernando para desgracia del continente y de miles de judíos. También por aquellos días, Mussolini se dedicaba a encarcelar a cientos de socialistas italianos mientras Pancho Villa era asesinado oficialmente. Además, en la comarca cántabra de Liébana una plaga de ratas rojas puso en jaque a la población.

Quiero señalar con esto que Salvador Martín vino al mundo en Marbella durante un tiempo convulso. Luego le tocó vivir de cerca la Guerra del 36, la Segunda Guerra Mundial, la temerosa paz del franquismo, la ilusión de la transición y, por fin, la prosperidad y libertad de la democracia. Como simplemente se ganó la vida con el sudor de su frente y el esfuerzo de sus manos de albañil, nadie le hizo un hueco en los anales de la historia, ni pensaron contar con él para ninguna medalla a ningún mérito. Le concedieron, eso sí, la exigua pensión de jubilación que le correspondía por haber cotizado puntualmente durante su vida laboral.Salvador Martín ha llegado a los 92 años de vida y vive, como la historia le ha asignado, honradamente entre dignas estrecheces. Una dignidad que no merece la falta de respeto con la que el Gobierno de Rajoy le ha dirigido una carta/circular en la que le manifiesta: “superada una de las crisis más grandes de nuestra historia democrática durante estos años los españoles hemos evitado el rescate…”, razón por la cual el ejecutivo tiene a bien aumentarle la pensión en DOS euros mensuales.

Naturalmente Salvador Martín, por lo general afable, buen conversador y aún en plenitud de sus facultades físicas y mentales, dejó escapar toda la cólera de los dioses antiguos mientras en la televisión rodaban una tras otra las pedradas de la corrupción valenciana, el asalto institucional a las Cajas de Ahorro, la destrucción de ordenadores en la sede del PP, el juicio del caso Urdangarín… Otro mundo convulso.

Sin embargo la cólera de Salvador Martín ha surtido efecto y lo ha catapultado a la fama digital. El cabreo del anciano, grabado por sus nietos, en cuatro días ha sido visitado por dos millones y medio de internautas y 66.500 lo han compartido en el mismo tiempo. Ahora su indignación ha alcanzado la fama para sonrojo –se supone- de Montoro y su ministerio. Sin embargo, dado el autismo reinante en La Moncloa, dudo que a estas alturas de final de mandato el desengaño de un ciudadano anónimo mueva la conciencia de ningún político tecnócrata, más preocupado por la unidad de España que por el bienestar y el respeto a los españoles.

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