El Congreso se divierte

Como es sabido, los españoles nos asombramos de la serie de privilegios y prebendas de todo tipo que supone, con carácter general sentar las posaderas en la Carrera de San Jerónimo o en la Plaza de la Marina española, por lo que en la mayoría de los casos basta con estar en el lugar adecuado en el momento conveniente, al margen de preparación, saberes e idoneidad.

Mientras hay miles de escuelas públicas con deficientes equipamientos esenciales, hemos sabido que el Congreso va a dedicar 865.880 euros a la compra de 490 tabletas para los diputados y personal de la cámara que las requieran en el próximo mandato y a renovar 699 ordenadores de sobremesa con más de ocho años de antigüedad. Para la adjudicación de este contrato ha iniciado un procedimiento abierto, que se suma a otro recientemente adjudicado para dotar de teléfonos inteligentes a los diputados elegidos el pasado 20 de octubre.

Los diputados nacionales, por su parte, reciben una indemnización mensual para alojamiento: un diputado de una circunscripción distinta a la madrileña suma al sueldo base de 39.394 euros otros 21.886 en concepto de indemnización.Ya se sabe que, a pesar de que muchos de ellos tienen piso propio, cobran lo mismo; otros viven en apartamentos u hoteles, como los catalanes que solían ser clientes del mismísimo Palace, situado frente al Congreso.

Conozco una historia divertida, y bastante frecuente, de diputados de provincias que vieron como una bendición o el cielo abierto para escapar de la rutina del tálamo nupcial la ocasión de tener un acta de diputado y pasar parte de la semana en Madrid. Lo voy a contar.
Conocí el caso de dos diputados gallegos, uno del PSOE y otro del PP, quienes a pesar de estar casados con sendas señoras estupendas, guapas e interesantes, confesaban, especialmente el primero, que su mayor ilusión en la política era que el cargo le permitiera “echarse una novia en Madrid”. Y se la echó. El otro, prefería variar, como hacen la mayoría. Y ahora contaré como se divierte el Congreso.

En la misma zona del Congreso y otros lugares del centro de Madrid, existen una serie de clubes, cafeterías y fogones, muy frecuentados por sus señorías. A los clubes y bares ingleses acuden todos los días una pléyade de mozas de todas las edades, ávidas de emociones y bien dispuestas a ligar con los diputados, sean o no conocidos, porque saben que disponen de recursos sin tasa para invitarlas a compartir una noche interesante. El itinerario siempre es el mismo: una cena agradable, luego baile en lugar discreto y fin de fiesta como no hace falta que explique.

Hace ya muchos años, un amigo mío que ocupaba un elevado cargo en una empresa pública –no era diputado, pero se movía en sus ambientes- me llevó a conocer las zonas de pastoreo y caza. La verdad es que sentí envidia. Luego averigüé que buena parte de aquellas señoras y señoritas eran en su mayoría funcionarias o empleadas públicas de los diversos organismos de la capital, de toda edad, pero muy bien arregladas, modernas, de grata conversación y mejor disposición. El propio Mariano Rajoy, de soltero, andaba por allí con otro diputado por Pontevedra.

Usos y tradiciones no han cambiado: Los diputados abrevan y ligar, aparte de servir a la patria, porque la patria los dota de medios suficientes para poder arreglar fuera de casa y regresar al hogar cansado y satisfecho de tanto trabajo y poder comentarle a la parienta: ¡“Vengo agotado. No sabes cómo está Madrid”!

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