Colonia/Tahrir

¿Se imaginan ustedes, señoras, que para pasear por las plazas del Obradoiro y de María Pita; para recorrer la calle Príncipe o pasear por la muralla de Lugo tuviésemos que ir acompañadas de escoltas civiles y con un spray paralizante en el bolso ante el temor de ser acosadas sexualmente?

La noche de fin de año en Colonia se convirtió en una verdadera pesadilla para cientos de mujeres, vejadas, robadas, algunas violadas por hordas de hombres de origen árabe en su mayoría.
A medida que pasan los días se incrementa el número de denuncias -ya van cerca de 500- y se confirma tristemente que se trata de una actuación coordinada en distintas ciudades de Europa. Resulta difícil comprender y asumir la realidad de un comportamiento tan bárbaro, sólo explicable en una concepción medieval del papel de la mujer.

El debate sobre la llegada masiva de inmigrantes y refugiados a Europa procedentes del mundo musulmán está abierto y será muy difícil abordarlo de manera sosegada, sin que tengamos el fácil recurso de colgar etiquetas. Pero los datos objetivos están ahí y son inapelables.

Lo acontecido a los pies de la catedral de Colonia trae a la memoria lo sucedido en la Plaza de Tahrir, en ese fenómeno social mal llamado primavera árabe. En esa plaza, en medio de la algarabía revolucionaria, decenas de mujeres fueron violadas al amparo cobarde de las masas. Estos delitos, sin embargo, quedaron casi como una anécdota en la vorágine informativa del momento. Las primeras víctimas de este menosprecio histórico del mundo musulmán hacia las mujeres son las propias musulmanas.

El caso de Colonia está destapando ahora el drama que viven cientos de mujeres y niñas en los albergues para refugiados en Alemania. En numerosos centros de acogida se están detectando violaciones y agresiones sexuales a mujeres y niñas… Tanto es así, que duermen vestidas y no se atreven a ir a los baños de noche por miedo a ser agredidas. En algunos de estos centros el 80 % son hombres y comienzan a detectarse auténticas mafias que ofrecen sesiones de sexo con las refugiadas por 10 euros.

No es de extrañar que en Bélgica los poderes públicos hayan decidido impartir cursos de respeto hacia las mujeres en los centros de acogida a los inmigrantes. La medida no parece que pueda tener resultados positivos. ¿Cuál será el contenido de esos cursos? ¿Qué violar a las chicas está mal? ¿Que eso no se hace en Europa? Sin duda el secretario de Estado de Asilo e Inmigración belga tiene buenas intenciones, pero lo que mueve a actuar de esta manera a cientos de hombres, la mayoría jóvenes, difícilmente se resuelva con cursillos de urbanidad.

Comunidades árabes llevan conviviendo décadas en las grandes ciudades europeas y hasta ahora no teníamos noticias de este tipo de fenómenos. Atención por tanto a las generalizaciones, son peligrosas y no debemos caer en ellas. Ni todos los refugiados, ni todos los musulmanes, ni todos los árabes son violadores o acosadores en potencia. Pero tampoco debemos mirar para otro lado y mucho menos insinuar, como lo hizo la alcaldesa de Colonia, que la culpa la tienen las víctimas por no mantener una distancia adecuada con gente que no se conoce y no irse «con uno o con otro. Eso es, simplemente, confundir a la víctima con el culpable.

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