Hay mejoras económicas en clave exterior

En los mercados financieros ya esperan que los idus de marzo les sean propicios, porque si no el nuevo año se puede torcer, y las bases optimistas de las que partían allá en el lejano enero de 2015, se pueden venir abajo más rápido de lo que podrían imaginar. En realidad, en el calendario romano, los idus de marzo correspondían a los días 15 del mes de martius y los idus eran jornadas de buenos augurios que caían los días 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y los días 13 del resto de los meses del año, con lo cual, como siempre, los mercados financieros estarían diversificando sus oportunidades de recuperación.

Lo que está pasando en el parqué, una fuerte caída, no es nada que no se estimase, aunque no se preveía una corrección bursátil tan fuerte, que ha generado las medidas especiales de la CNMV china. Lo que verdaderamente sucede es que el gigante asiático tiene un sobredimensionamiento de la demanda, lo que unido a un yuang devaluado reduce sus importaciones, con efectos negativos para algunas empresas europeas.

Los esfuerzos de Mario Draghi, gobernador del Banco Central Europeo, por mantener un euro barato permitieron a la eurozona obtener un magnífico saldo exterior, donde destaca la economía española. Y si a esto le unimos un euríbor por los suelos que abarata el pago de la enorme deuda, el resultado es más que excelente. Pero no quedan ahí los regalos que ha tenido España, porque el barril del petróleo ha llevado a 0,9 euros el litro de gasóleo, a pesar de los impuestos estatales y autonómicos, que en Galicia, por cierto, no se han reducido, a diferencia de lo que pasó en la vecina Castilla y León, también gobernada por el PP.

En definitiva, España, al más puro estilo Rajoy de dejarse ir, logra una buena nota en empleo -al menos en empleo precario-, prácticamente sin tocar el modelo productivo. Y cuando todo parecía que 2016 sería el año de la consolidación de esas inmejorables cifras, llegan los Reyes Magos de China y abren la esperanza de que los idus de marzo sean aún más favorables. Pero, en realidad, de puertas adentro las cosas no funcionan igual. Ni en la eurozona ni en España. Un botón de muestra: durante los últimos años, la política de Angela Merkel llevó a España a una inversión pública inferior a la de 2007.

No sería de extrañar que el repunte de la inversión pública se vincule ahora a la política fiscal, ya con eurobonos. Sería algo importante para España pero también para la construcción europea. La UE sigue a rueda de Estados Unidos, que se sale con sus empresas tecnológicas, y Alemania podría verse en la necesidad de tirar de sus socios para invertir en su propio futuro. Si quiere, tiene margen para ello. Pero precisa confianza.

Desde fuera se está mirando mucho a España, porque inquieta su futuro político. Lógicamente, tanto las grandes potencias como los propios inversores, cuyas opiniones reflejan influyentes medios de comunicación, prefieren un gobierno fiel a Bruselas -léase a Berlín-, de ahí que inquiete tanto la entrada de Podemos en ciertas combinaciones para gobernar. El peso de los inversores extranjeros en España es alto: controlan un 40% de la capitalización del Ibex, señal de su influencia en la toma de decisiones. Un gobierno estable en España, alineado con Alemania, es la opción del capital. Otra cosa es la situación coyuntural de determinados valores castigados estos días, como Inditex -ha caído mucho pero sigue 5 euros por encima de su valor en enero de 2015-, que tienen su propio cauce de recuperación.

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