Reinas Magas

que tomaron alcaldes y concejales representantes de la llamada ‘nueva política’ están agitando el patio municipal y nacional y sacuden emocionalmente a muchas personas, nada acostumbradas a ver una colección de decisiones tan insólitas, que se sorprenden porque, en palabras de don José Ortega, «sorprenderse, extrañarse, es empezar a entender».

La última ocurrencia es de los ediles del ayuntamiento de Madrid para que dos mujeres hagan el papel de Melchor o Gaspar -¿por qué discriminan a Baltasar?- en las cabalgatas de dos distritos de la Capital para que cada uno cuente con una ‘Reina Maga’.

La iniciativa no va a restar calidad de vida a los madrileños, pero tampoco va aportar valor a la causa feminista. Tan solo revela que estos políticos tienen una muy mala relación con las tradiciones e iconografía creada por la Iglesia Católica -¿qué daño les habrá hecho?-, y con la realidad, lo que hace pensar que es su osadía e incultura lo que les lleva a cometer esta y otras groserías históricas. Ante las pinturas del Renacimiento o ante la monumentalidad de la Catedral de Santiago serían analfabetos funcionales.

La Cabalgata de Reyes, aparte del significado religioso que tenga para cada cual, es una arraigada tradición para disfrute de niños y mayores que nada tiene que ver con la paridad e igualdad que dicen buscar estos nuevos cerebros de la política. No se defiende mejor la igualdad de género modificando las tradiciones o la dignidad de la mujer disfrazándola de hombre.

Ojalá fueran tan diligentes en la defensa de las mujeres en otras culturas en las que no solo no se les otorgan sus derechos, sino que son lapidadas y, perdonen la comparación, en muchas casos reciben peor trato que los animales estabulados en las granjas gallegas.

«Me gusta la paridad pero no las paridas, cuando pensaba que lo había visto todo aparece esta estupidez», escribía un internauta. También dejó escrito don José Ortega que «es muy difícil salvar a una civilización cuando le ha llegado la hora de caer bajo el poder de los demagogos, los grandes estranguladores de las civilizaciones».

No sabría decir si el cambio consiste en esto, pero empiezo a sentirme deslumbrado por esta forma de «gobernar para la gente» con decisiones tan peregrinas que seguramente no tardaremos en ver por aquí -algo parecido ya llegó-, porque todo lo que empieza en Madrid tienen un efecto rebote en la periferia. Sobre todo las tonterías.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar