Inestabilidad e incertidumbre

Las dos Españas no son un invento de Machado. Existieron siempre, cohabitando largos años unas veces o apareciendo en crueles guerras fratricidas en otras ocasiones. Ahora todo indica que reaparecen con los diabólicos resultados electorales que dejan al país dividido políticamente en dos y con pocas combinaciones -y posibilidades- para la formación de Gobierno.

Los ciudadanos ganan representatividad en las cámaras, pero el país pierde estabilidad y se necesitará mucho diálogo para la investidura y, si se constituye el Gobierno, el gabinete resultante estará en negociación permanente para alcanzar acuerdos puntuales.

Una situación inestable también se vivió al principio de la Transición y las fuerzas políticas, sindicales y empresariales de entonces, que tenían sentido de Estado y afán de concordia, sellaron los Pactos de la Moncloa y otros acuerdos para sacar al país de la crisis política, económica e institucional heredada de la dictadura.

Hay quien quiere ver en esta hora de España una segunda transición, muchos hablan de la necesidad de reformar la Constitución y todos coinciden en que son necesarias reformas políticas, económicas, institucionales y territoriales que deben ser abordados con urgencia para entregar a las nuevas generaciones un país renovado, capaz de hacer frente a los retos de esta nueva era. ¿Es posible ahora la colaboración de los dirigentes políticos para reeditar unos pactos y acuerdos similares para acometer con solvencia las reformas profundas que necesita el país?

En 2010, cuando la se­lección española asombraba al mundo en Sudáfrica, escribía Moisés Naím que «España necesita en la política una selección nacional tan buena como la que tiene en el fútbol, los mejores jugadores que deben deponer rivalidades y trabajar en equipo», para emprender las reformas necesarias, añadiría ahora.

Pero después de las e­lecciones los líderes políticos tienen en sus manos el juguete de los resultados y no parecen dispuestos a jugar para «construir país» propiciando la formación de Gobierno, y sin un ejecutivo que tome decisiones entramos en los dominios de la inestabilidad política e incertidumbre económica que ya aparece en la Bolsa y prima de riesgo.

Hace unos días dijo Alfonso Guerra que pronto habrá gente que «sentirá nostalgia del bipartidismo, contra el que se ha estado disparando durante los últimos cuatro años». Y el exvicepresidente suele acertar en sus pronósticos.

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