Un vuelco enorme

Pocas veces en la historia electoral de este país los ciudadanos se habrán acercado a las urnas con unos resultados todavía tan en el aire y pocas veces se habrán encontrado al día siguiente con un panorama tan incierto sobre quién puede ser el próximo presidente de la nación y, lo que es más importante, sobre qué programa de gobierno éste va a poder aplicar.
Un panorama diabólico, por emplear una expresión de Mariano Rajoy. Cerradas las urnas, los españoles, en efecto, no sabemos quiénes y cómo van a gobernarnos. Algunos observadores hablan incluso de alianzas imposibles. Y lo más grave es que esa incertidumbre se va a prolongar durante un cierto tiempo.

Ha sido la campaña más abierta de los últimos años. Y la más volátil y acelerada, especialmente durante la última semana, cuando pronósticos y tendencias apenas han mantenido su vigencia durante un par de días. Así, el ciudadano ha dado su voto un poco a oscuras, sin que los partidos hubieran desvelado sus eventuales pactos postelectorales. La verdad es que tampoco mucho podían hacerlo porque sin resultados reales en la mano bien podía tratarse de puras elucubraciones y de descubrimiento adelantado de estrategias.

Las urnas, por fin han hablado. Y confirmado, a pesar de todo y a grandes rasgos, los pronósticos que se venían haciendo: un Parlamento fragmentado por la caída del bipartidismo -que a pesar de todo resiste- y la aparición en el escenario de nuevas formaciones con fuerza suficiente como para hacer pasar por ellas los acuerdos de gobernabilidad. Si hasta el momento los partidos nacionalistas han venido ayudando a ello cuando PP y PSOE lo han necesitado, ahora, por primera vez no será así.
Estoy con quienes entienden que las grandes sorpresas de las elecciones de ayer han sido dos. Por una parte, el pobre resultado de Ciudadanos, con unos niveles de apoyo muy por debajo de las expectativas suscitadas. Por otra, el que PSOE y Pedro Sánchez han salvado bastante bien los muebles, con una pérdida de sólo diecisiete escaños, y máxime cuando Susana Díaz en Andalucía ha estado más bien discreta. Y, por cierto: mal resultado para Feijoo en Galicia. Supongo que no estará nada satisfecho con haber perdido quince puntos y un tercio de los diputados.

En consecuencia, una alianza Sánchez/ Iglesias se perfila en las primeras horas del día de después como bastante probable, incluso aunque no lleguen a la mítica mayoría absoluta. Una minoría ampliamente mayoritaria sería suficiente para gobernar. El vuelco político sería enorme.

Se abre, sí, una etapa de diálogo, pero también de incertidumbre, lo que afectará muy notablemente a la economía. El mayor riesgo para la economía española es el político. Ayer lo confirmaron las urnas. Un Gobierno tan sobre el alambre y tan inestable como va a ser el que llegue a formarse –si es que se forma- no va ayudar para nada a consolidar la recuperación y seguir creciendo.

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