Paridad electoral

Todo cambia. A los mítines de toda la vida les sustituyen shows televisivos donde los candidatos a presidir el próximo Gobierno del Estado parecen más bien concursantes de un reality. Algunos de ellos, incluso, semeja que vienen con el pinganillo y el micrófono incorporado como verdaderos coach. Mientras, el selfie político se ha convertido en “tendencia” de la temporada inundando las redes sociales y los mensajes políticos se confunden con los navideños.

Fragmentación, volatilidad, pactos, emergentes, nueva política son términos que ya forman parte de nuestro nuevo léxico. Ya no se sabe donde empieza la izquierda ni donde remata la derecha y todos se pelean por ocupar el centro.

Las encuestas se multiplican y se mezclan con las audiencias de los debates, las entrevistas de mesa o de sofá y los comentaristas analizan tanto el discurso y las propuestas como el color de la corbata y la altura de los tacones de las respectivas aspirantes a primeras damas. Todo cambia…

Politólogos y analistas de toda condición coinciden en que a partir del próximo lunes 21 tendremos un cambio histórico. Anuncian ya a bombo y platillo el fin del bipartidismo y la llegada de la “fragmentación” política. Que habrá nuevos inquilinos en las Cortes es ya un hecho que sellarán las urnas el domingo.

Y en esta vorágine del cambio hay cosas que, lamentablemente, parecen inamovibles. Estos comicios serán los terceros con la ley de igualdad en vigor y sin embargo la representación femenina no solo no se ha incrementado sino que en estas próximas Cortes tan renovadas y fragmentadas seguiremos constatando que en materia de paridad nada cambia: seguirá habiendo menos mujeres que hombres.

Lo curioso es que esto se deberá, fundamentalmente, a los llamados partidos emergentes que, a pesar de prometer renovación y regeneración, en materia de paridad suspenden la asignatura. Sus listas están mayoritariamente dominadas por hombres situados de manera estratégica para salir elegidos. De manera que a pesar de la aplicación de la ley electoral y de ese “aire fresco” que prometen los nuevos llegados, lo más probable es que tengamos un Congreso con más corbatas o también con camisas a cuadros (novedad) y coletas.

Para que eso cambie debería producirse un revulsivo en la confección de las listas electorales. No basta con cumplir con la obligación de paridad electoral si luego se esconde a las mujeres en los puestos de cola. El orden de salida es fundamental, si los puestos con los que se espera obtener escaño están ocupados por hombres y las mujeres se ven relegadas a las últimas posiciones ¿qué podemos esperar?

No nos sorprendamos pues. Seguro que el Congreso elegido el día 20 será novedoso y hasta si quieren histórico, pero en lo que a nosotras concierne, en lo que a igualdad en la representación política atañe no habremos avanzado un ápice, ese cambio ni está ni se le espera.

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