Todos contra Pedro

 

Me cuesta creer en las conspiraciones políticas pero tampoco creo en las casualidades. Se ha dicho hasta el cansancio del olvido que Ciudadanos es un producto fabricado por los poderes fácticos de derechas con el objeto de sustituir o sustentar al PP ante el tobogán por el que baja. Si es o no cierto, el resultado se muestra excelente pero al mismo tiempo confuso.

Yo vi la irrupción de Ciudadanos como un contrapeso contra la euforia desatada por Podemos después de su teórico triunfo en las elecciones al Parlamento europeo. Los expertos en movimientos del voto no tardaron en descubrir que la subida en las encuestas respondía a una ilusión heterogénea en la que los votantes eran tanto de derechas como de centro y de izquierda. Si se les restaba por la parte que perjudicaba al PP, Podemos se quedaba sin alcanzar la Moncloa. Ciudadanos, por tanto, resultaba el arma adecuada para esa operación. Y ha funcionado.

Aquel conglomerado respondón, incómodo e indignado se ha dividido en dos grandes corrientes gemelas a la tradición de las honrosas castas que pretendían desterrar. De un lado derecha/centro-derecha, de otro izquierda/centro-izquierda. Ya no subimos ni bajamos, nadie está arriba ni abajo, la división social de la Revolución francesa sigue viva mientras las propuestas de Pablo Iglesias se acomodan al tradicionalismo más añejo del teatro electoral.

El resultado final es que simplemente hemos pasado de dos a cuatro alternativas posibles, que ideológicamente se resumen en dos. Si alguien lo había previsto así, es un visionario excelente o simplemente un buen conocedor de la debilidad de la rebelión de las masas frente al sistema. La conspiración ha funcionado. Tenemos un PP en la cabeza del pelotón, un PSOE que le pisa los talones con intención de voto directo superándolo, un Ciudadanos llave que no quiere ser identificado con los de Rajoy y un Podemos tratando de arañar votos hasta de las telarañas del remoto 1978.

En el debate de Atresmedia los electores, al margen de las opiniones publicadas, pudieron ver un PP sin líder, un Ciudadanos sin ubicación ideológica resolutiva, un Podemos oportunista y descolocado ideológicamente, y un PSOE por fin reivindicando su pasado con propuestas de futuro sin pisarle el callo a nadie. Razones más que sobradas para lanzarse en tropel contra Pedro Sánchez.

El conspirador llamó inmediatamente a Mariano para decirle que es necesario apoyar a Iglesias y cortarle las alas a Pedro. Llamó a Iglesias para que contemporice con Rajoy para derechizar aún más a Rivera. Llamó a Rivera para que simule su estado natural derechón y se enfrente a Sánchez para arrancarle indecisos indignados… Dicen que al único que no llamó fue al candidato del PSOE. Si no se trata de una conspiración, tampoco parece una casualidad.

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