El enigma Rivera

Opiniones hay, como es natural, para todos los gustos. Hay quienes creen que la campaña electoral puede ser más decisiva que nunca, porque hay todavía mucho indeciso. Y hay quienes estiman que los mítines, debates y otros actos mueven más bien poco. Círculos mediáticos siguen especulando, por su parte, con la posición del líder casi único de Ciudadanos, Albert Rivera, en el supuesto de que tuviera que actuar como partido bisagra: ¿apoyaría por principio al ganador de las elecciones o se prestaría a uno de esos acuerdos postelectorales que pervierten el resultado de las urnas?

Estoy con quienes entienden que resulta excesivo dar por descontado el apoyo de Ciudadanos a una hipotética investidura de Rajoy. No voy a decir, como Pablo Iglesias, que más que de derechas o de izquierdas Rivera es de lo que haga falta. No. Estoy seguro de que tiene claras sus particulares líneas rojas. Pero no es menos cierto que no le faltan “principios de goma” para adaptarse a circunstancias y conveniencias. Él lo disfraza alegando una supuesta posición ecléctica o de centro.

No es preciso remontarse al rápido apoyo a Susana Díaz en Andalucía o al socialismo castellano-manchego en la Diputación de Toledo. Hace poco acaba de dar la presidencia de la Federación de Municipios de Madrid al Partido Socialista en alianza con Ahora Madrid/Podemos, IU y candidaturas de Unidad Popular.

Cierto es también que ha posibilitado investiduras del PP. Pero lo ha hecho en base a unas exigencias en las que el Partido Popular ha cedido –me parece- en demasía para no perder el poder que le habían dado las urnas. Envalentonado por estos sus éxitos negociadores, no es extraño que Rivera haya dejado caer en público que no apoyaría una hipotética investidura de Rajoy, si es que se llegara a plantear. Demasiado me parecería.

Si no fuera también por los algodones mediáticos que lo rodean, hace tiempo que hubieran aflorado sus inconsistencias y contradicciones. Que también las tiene. Como las prisas que le entraron tras los atentados de París por sumarse al pacto antiyihadista, cuando desde que PP y PSOE hace tiempo lo suscribieron había venido oponiéndose al mismo por la remisión que el documento hace a la prisión permanente revisable.

Concesiones electoralistas han sido también la reconsideración a la baja del IVA cultural, luego de haber presumido de que, aun costándole votos, no lo iba a hacer. Y el cambio que hubo de introducir en su propuesta de modelo de IRPF porque los gurús económicos de que se ha rodeado le habían hecho mal las cuentas. Rivera, pues, tiene motivos para confesar sus culpas. Como cualquier otro mortal. Aunque a la vista del trato mediático que recibe no lo parezca.

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